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Los Jaguares de la Bahía, “Canciones para el Discman” (Rock CD Records 2018)

Autor: | @sergiomiro

A pesar de firmar como productor casi cincuenta discos al año (algunos convertidos en joyas celebradas del pop independiente nacional, otros condenados a la autoedición o a la circulación estricta entre allegados de la banda, y algunos, como los recientes casos junto a Mikel Erentxun, hasta nominados al Grammy), Paco Loco siente la necesidad de usar los pocos huecos que le deja el calendario para juntarse con amigos y crear su propia música. Ya totalmente instalado en El Puerto de Santa María, Cádiz, de donde además se le podría considerar embajador cultural, el asturiano tiene una cuadrilla de fieles que, además, son más que solventes músicos y que entienden a la perfección las líneas que conforman su filosofía musical.

Una visión poco exhaustiva de su obra, basada en tópicos acumulados y en algunos de sus logros más populares, podría llevar a pensar que un disco firmado por él (o por él en compañía de sus Jaguares, que no dejan de ser “un nuevo grupo con la gente de siempre”, como confiesa) sería un auténtico decálogo del indie o de la música garajera, repleto de guitarras sucias y voces susurradas que nos invitan amablemente a deprimirnos o a liarnos a puñetazos con el mundo. Nada de eso encontraremos en este Canciones para el Discman. Ante todo, Paco es un amante del pop y de la fuerza de las canciones. Y con la salvedad de algún que otro interludio juguetón, casi todo lo que conforma este disco rebosa luminosidad y melodía. Aquí, lo que no te conmueve, te hace sonreír, o ambas cosas al mismo tiempo.

La génesis del sonido actual de estos Jaguares de la Bahía (así bautizados porque todos empuñaban guitarras Jaguar) es relativamente reciente y tiene que ver con una resolución tan propia del “indie sabio” como es la de hacer virtud de una carencia. Con la banda consolidada y capaz de dar febriles conciertos de corte guitarrero allá donde se les requiriese, el batería Esteban Perles les comunica que tiene que mudarse a Madrid. El dilema de cómo cubrir tan sensible baja acaba siendo solventado con la entrada en acción del creciente arsenal de baterías Simmons y demás cachivaches de los 80 que Paco estaba adquiriendo. Así, empleando todos aquellos instrumentos y sonidos que antes repudiaban, dieron con un nuevo sonido para la banda que les resultaba divertido y a la vez inspirador.

El “tecno hecho por gente que no tiene ni idea de tecno”, como lo define Paco, de los Jaguares representa algo totalmente original dentro de la escena nacional y más allá. En medio de los ritmos kraut y tecno, se cuelan otras influencias de la música disco, del hip hop de la vieja escuela, de bandas como Devo y, por supuesto, otras referencias ya más identificables en el mundo de Paco Loco como la psicodelia, el garage, el new wave festivo de The B-52´s o el rock arrastrado al estilo de su admirado Lou Reed. Desafío a cualquier banda que trabaje con sonidos sintetizados a colar una guitarra de 12 cuerdas a lo Byrds en medio del estribillo, como sucede en la fantástica You better stop y que encima nos acabe convenciendo de que era el único arreglo posible para esa parte.

Las voces andan repartidas, sobre todo entre Pablo Errea, cuyas habilidades vocales ya quedan patentes en los discos de Edwin Moses, y el propio Paco, que pese a no considerarse un cantante en el sentido estricto de la palabra, acaba dando forma a un grandísimo personaje a base de actitud, fraseo descarado y una purriada de efectos.

Tal ha sido el derroche creativo (28 canciones), que lo han decidido separar en dos CDs, aunque la duración total no excede lo que cabría en un CD simple. Con ello, han querido quitarse esa espinita de sacar un disco doble por primera vez en su vida, y de paso nos invitan a dosificar emociones y dedicarle escuchas separadas para evitar que la experiencia pueda quedar arruinada por el exceso de información (y créanme que información, haberla hayla, ya que cada canción rebosa de ideas y sonidos).

Así que, igual que Paco siempre sorprende a sus clientes en el estudio, sacando de algún rincón un instrumento sorprendente que el tiempo relegó al olvido, ahora nos toca desempolvar aquel viejo discman que guardamos en el cajón cuando conseguimos nuestro primer iPod, y echarlo a rodar con el que espero que sea el primero de muchos rugidos de estos Jaguares asturiano-gaditanos.

Valoración: 8,5

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