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Lorde, Pure heroine (Universal, 2013)

Autor: | @sergiomiro

lordepureherine

Vaya por delante que no me uno a la fascinación general ante los niños que hacen cosas muy avanzadas a las que les tocan por edad. Cuando veo a un chico o a una pequeñaja dar un tipo de respuesta que requiere la inteligencia (o la mala idea) de un adulto, mi tendencia inicial es asustarme.

Digo esto porque hay mucho en el “hype” de Ella Yellich-O´Connor (Lorde para sus millones de seguidores) que tiene que ver con que con tan solo 16 años ha publicado un disco repleto de potencial. Vale que contó con la ayuda inestimable del productor Joe Little, pero no deja de ser muy poca cosa si lo comparamos con el batallón de colaboradores de relumbrón que suelen hacer falta para cualquier producto superventas del pop actual.

Es más, la juventud de nuestra protagonista es clave, ya que entre los grandes ganchos de las diez canciones de Pure heroine está la manera en la que O´Connor nos ofrece una voz autorizada sobre lo que le pasa por la cabeza a parte de su generación, a medio camino entre la crudeza ingeniosa y la poesía urbana.

Lorde funciona casi como una anti-Lana Del Rey: deja de lado todas las historias de romanticismo glamoroso y malditismo hollywoodiense sobre las que canta LDR para ofrecernos un lado mucho más terrenal (“Vivimos en ciudades que nunca verás en las pantallas / No son muy bonitas, pero sabemos cómo sacar adelante las cosas”, canta en Team, una posición que adopta durante la práctica totalidad del disco y convierte en himno generacional en el acertado single Royals).

La analogía con Lana Del Rey no termina ahí, ya que resulta curioso que, a nivel estilístico e interpretativo, las voces de ambas artistas resultan tremendamente similares. La diferencia es que Lorde parece aspirar a cierto grado de credibilidad y en ningún momento sucumbe a trucos de producción que resulten muy obviamente “mainstream”. Digamos que Pure heroine parece el disco que creíamos que LDR haría cuando sólo conocíamos de ella el Video games y pensábamos que nos llegaba una princesa “indie” inmaculada; o dicho de otra manera, el disco que LDR sacaría si se aliase con The XX.

Por finalizar volviendo al argumento que esgrimía en el primer párrafo: Lorde es el tipo de adolescente al que conviene tener miedo, y es cierto que su disco de debut gana muchos enteros si se escucha teniendo en cuenta la edad de su autora, pero al mismo tiempo resulta una pieza de pop misteriosamente fascinante durante la mayor parte del tiempo. Aunque esté sacando partido del hecho de declararse oficialmente aburrida ante todo lo que la rodea, uno no puede dejar de intuir que detrás de todo hay una pose casi igual de estudiada que la de Lana, Gaga, o quien queramos poner de ejemplo…. y un envoltorio musical lo suficientemente interesante como para mantener nuestro interés hasta que lleguen los frutos de la post-adolescencia de esta artista.

 

 

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