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Les Sueques, Educació Física (El Genio Equivocado 2015)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Educació_Física

Personalidad. Eso es lo que desprende enfrentarse a la música de Educació Física, segundo disco de Les Sueques, publicado hace apenas un par de semanas por El Genio Equivocado. Un trabajo que corrobora todo lo bueno que ya habíamos podido disfrutar en su debut de 2013 Cremeu les Perles, incluso puliendo algunas aristas en un álbum más completo y estimulante. Con sólo dos discos, el cuarteto formado por Blanca Lamar, Tuixén Benet, Raquel Tomàs y Pau Albà, puede presumir de insuflar una idiosincrasia propia a cualquier estilo que deciden abrazar. Post-punk, indie-rock, riot grrrl, pop de aires retro… pero también espacio para la política y el comentario social en unos textos afilados e incisivos, diversión, depresión, aires retro, versiones, surrealismo… Elementos que conviven de forma natural en un conjunto con una personalidad arrolladora. Algo que grupos mucho más veteranos nunca llegan a obtener. Alumnos aventajados ante su segundo examen.

Educació Física es una asignatura exigente, que se abre con la fenomenal Ara ès aquí, tema que ya escuchamos a finales de 2014 como anticipo del disco. Tensión latente que no llega a quebrarse, guitarras que crean un manto de electricidad estática sobre las que Raquel Tomás traza una melodía estilo Stereolab —¡por Dios!— con su teclado, uno de los protagonistas del LP, y una letra enigmática, el final de una relación de pareja o… ¿quizá algo más? —el título de la canción se parece sospechosamente a cierto eslogan político que nos cansamos de escuchar el año pasado en Cataluña—. Su último minuto es algo así como Les Sueques en el espacio. ¿Ya he dicho que es un temazo? Por si acaso, lo repito. TEMAZO.

Le sucede Bromes, mucho más directa y divertida… a simple vista. Tras el sencillo armazón indie-rock con guitarra que amagan estallidos y una batería que cabalga para desbocarse sólo en su medido estribillo se esconde otra letra con enjundia, en el que parece evidente que cuando “todo es broma” seguramente hay poco que realmente valga la pena. ¿Oído hipsters? Ahondando en ese sentido juguetón, pero aún más vacilona gracias a los logrados aires funk acude rauda No ho saps, invitando a no tomarnos demasiado en serio, ¿oído hipsters?. Y rematando el fantástico inicio del disco tenemos Estàtues Tontes, donde el teclado vuelve a ganar protagonismo en un tema misterioso y sugerente, tanto en la envolvente forma —esos parones, como si jugásemos al “un, dos, tres, pica paret”— como en el fondo, con una letra que apunta a una sociedad sumisa —”no ens agrada cridar […] mai no en direm prou”—, insensible —”res no ens conmou”—, abotargada y alienada. Absolutamente brillante.

Cambio de tercio con la desenfadada Cara de Cotxe, descaradamente retro con esos coros y sonidos de órganos humeantes estilo surf sesentero, en que se nos cuenta una historia de amor que es un auténtico disparate, propio de la imaginación de Les Sueques… donde la persona amada tiene… umm… cara de coche. Mucho más sucia y post-punk, aunque menos relevante como tema resulta M’agrades bastant, en el que el aliciente principal lo encontramos en una letra tan romántica como discordante con la música oscuro y ominosa que oímos. Y de lleno ya en el ecuador de Educació Física, su tramo menos destacable, tenemos A la Ciutat, seguramente la canción más prescindible del lote, con un sonido machacón, aunque por el contrario la letra sí vuelve a dar en la diana, un viaje a una ciudad que parece una invitación a la locura pese a su falaz imagen de “felicitat en moviment”. Creo que es fácil adivinar a qué lugar se refieren….

Pero rápidamente recuperamos el pulso con otra faceta, algo inesperada, del cuarteto: la de grupo de versiones. Primero con I Apologize, una versión de los mod Teenage Film Stars que, en sus manos se convierte en una de las joyas del disco. Aunque en principio podríamos considerarla fiel al sonido de la canción, Les Sueques la transforman en una maravilla pop, saltarina, indie-pop rotundo con estribillo colosal y una letra que no le anda a la zaga, en la que la protagonista asiste a una fiesta que debería haber sido el “no va más”, pero que en realidad es tan vacía y superficial como “un pessebre vivent”. En cambio en Cor Pelut se decantan por el punk más contundente y aguerrido para adaptar la letra de Lo Echamos A Suertes de Ella Baila Sola —no dejéis de leer, ya sé que acojona más que otros cuatro años de Rajoy y sus secuaces en Moncloa—, en un trallazo tan gritón como efectivo.

No abandonamos el punk con el siguiente tema, Faldilles (i soroll), que abre un dueto de temas que parecen girar en torno al sexo. Aunque también está entre los menos reivindicable del disco, siendo demasiado repetitivo, sí es cierto que de nuevo logran conectar fondo y forma a la perfección: frenesí y empuje en sus guitarras y batería ya que, como diría Woody Allen, “el sexo sólo es sucio si se hace bien”. Mucho más poppie y ligera es Sua la Carn, en la que los encuentros sexuales suceden entre teclados bailables y traviesos, repletos de vibraciones vintage, como si fuéramos invitados de excepción a un guateque “con final feliz”.

Aún quedan dos balas en la recámara. Y la primera de ellas, Què ens passa, no puede pasar desapercibida, siendo para el que escribe una de las mejores piezas de su carrera hasta la fecha. Hermanada con Terrorista, perteneciente a su primer disco, la andanada contra una sociedad “amagada […] de queixa covarda”, que sólo tiene “ansia de ser la més maca […] de comprar més cases” alcanza una carga de profundidad superior a aquélla por la perfecta conjunción con la música, indie-rock furioso, con músculo y feedback y una batería que palpita amenazadoramente, desbocándose en los desesperados “Què ens passa?”, apelando a nuestra reacción. Ellas mismas gritan la solución: “no hi ha revolta callada”.

Pero para el cierre del disco, Les Sueques vuelven a cambiar de tercio, con Tot s’havia acabat, lánguida y delicada, con un ambiente similar a Mirall, también de Cremeu les Perles, para narrar el triste final de una relación. El aroma letárgico al estilo velvetiano, los hermosos punteos de guitarra en su tramo final y las brumas que surgen del teclado redondean una pieza impecable, que supone un contrapunto excelente para poner punto y final a un disco poliédrico, aventurero, ambicioso y con una carga de profundidad mayor de lo que puede aparentar una escucha superficial. Asignatura aprobada con nota. Les Sueques pasan de curso con honores.

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