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Laura Marling, Short Movie (Virgin 2015)

Autor: | @sergiomiro

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Ahora que la precocidad pop de Grushenka y la normativa de los locales nocturnos han puesto de moda el debate sobre la edad que deben tener los artistas que se suban a un escenario más o menos profesional, es pertinente recordar que en los tiempos de su bello disco de debut (Alas, I cannot swing, 2008) Laura Marling tenía que actuar acompañada de adultos, ya que aún no era mayor de edad. Con todo, la chica sorprendió a propios y extraños, y sobre todo tuvo la oportunidad de madurar e ir plantando cara a base de enorme talento a todas las intimidantes comparaciones con Joni Mitchell que le llovieron desde el principio.

Ahora, Marling se nos planta en el 2015 con su quinto disco, y su pasaporte sigue dándonos una fecha de nacimiento que no se corresponde con su madurez artística ni con el tono lúgubre de la mayor parte de sus composiciones.

Después de una fructífera colaboración en los últimos tres discos, desaparece la figura del productor Ethan Johns, algo que personalmente echo en falta por el impecable sonido que suelen destilar los trabajos en los que aparece ese hombre. Laura se ha hecho con el control (una nueva habilidad que sumar a su favor), y tampoco se puede decir que haya hecho mal trabajo.

A juzgar por Warrior, la canción que abre este Short movie en medio de un agobiante charco de reverb y de pesadumbre acústica, la cosa se podría haber puesto más seria que nunca, quizás hasta el punto de encasillar a Marling como la eterna muchacha de las tonadas tristes. Por suerte, pronto se nos revela que este es un disco en el que Marling ha decidido hacer recuento de las muchas habilidades aprehendidas a lo largo de su corta pero intensa carrera.

Así, después de una corta intro a guitarra y voz que nos engaña con la promesa de más de lo mismo, False hope da paso al firme sonido de una banda de pulso rockero. Marling lleva unos cuantos trabajos viviendo en un territorio afín al III de Led Zeppelin, con su combinación de folk intenso y de armonías vagamente orientales, y este trabajo ahonda en ello dejando que de vez en cuando la cosa se relaje con la reconfortante simpleza de un rock en cuatro por cuatro de toda la vida.

Marling es capaz de sacar de sí humor, aunque ya casi nos hubiésemos olvidado de ello. La prueba aquí está en Strange, una canción de rechazo (aunque aquí es ella la que rechaza; por una vez se acabó la autocompasión) casi hablada, más que cantada, con una divertida autosuficiencia que nos recuerda a la mejor Ani DiFranco o a lo que haría Chrissie Hynde si empuñase una guitarra acústica más a menudo.

Hablando de empuñar guitarras, otra de las novedades de Shot movie está en el romance que Marling tuvo con una guitarra eléctrica que perteneció a su padre, lo cual puede explicar el tono más enérgico de ciertas piezas.

Los que demanden su parcela acústica, no tienen por qué preocuparse, pues casi la mitad de las canciones se rigen por los hipnóticos arpegios y las solemnes composiciones que han granjeado el prestigio de esta artista. La chica sigue creciendo, y quizás este nuevo capítulo de su vida no representa una evolución tan impactante como los anteriores, pero con lo que tiene le basta para seguir al frente de cualquier pelotón de su generación (y de algunas anteriores).

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