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Las Ruinas, Toni Bravo (El Genio Equivocado 2014)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

LasRuinas_ToniBravo

Mierda. Pasa cada año y no hay manera de evitarlo. Uno se pasa diciembre repasando discos y discos en busca de confeccionar las listas de lo mejor del año más representativas posibles —asumiendo que es sólo un divertimento y cuestión de gustos, al fin y al cabo— y en ese tiempo se le escapan otros trabajos que merecen toda la atención. Es el caso de Toni Bravo, quinto disco de Las Ruinas, trío barcelonés de implacable ética estajanovista —un disco por año— y, vamos a saltarnos los rodeos, para quien escribe, el mejor álbum de su carrera hasta la fecha y, sin duda, uno de los mejores paridos en nuestro país.

Semejante afirmación exige argumentos, precisamente los que les sobran a Toni Bravo. Y es que en este disco conviven dos Las Ruinas. La primera son “Las Ruinas de siempre”, esas que dan sentido a la en principio imposible definición de heavy pop -actitud, planteamiento lo-fi, guitarras punk y unas letras que podríamos resumir como “costumbrismo ácido”. Pero junto a ellas, aquí hay “unas nuevas Ruinas”, unas donde la paleta sónica se ha abierto sobremanera —algo que ya se intuía en Acidez House y que aquí es una fascinante realidad—. Aquí hay una banda que, sin perder un ápice de su pegada ni esa particular idiosincrasia que les ha convertido en una banda de culto, ahora dispone de un enorme arsenal de posibilidades. Las Ruinas han abrazado el indiepop y los poppies estamos de enhorabuena.

El mejor ejemplo de la amplitud de miras de Edu, Jaime y Toni lo tenemos en el tremendo arranque de Toni Bravo, en el que se encadenan enormes temas de una variedad estilística sorprendente. El primero de ellos es la ominosa Yo Fui Abducido, algo así como si el astronauta de Space Oddity en realidad hubiera vuelto a la Tierra… para encontrarse que allí arriba estaba mejor. Alienación pop. La primera diana. Atentos, que vienen muchas más.

En cambio, en Autómatas tenemos un corte que oscila entre el alegre jangle pop de sus estrofas y su coreable estribillo post-punk, con letra surrealista marca de la casa de Edu Chirinos. En apenas dos minutos y medio Las Ruinas han facturado un corte perfectamente reconocible en su forma de entender la música, pero con distintos ropajes que les sientan estupendamente.

Seguimos muy pop, con ligero toque psicodélico -esos coros fantasmagóricos- con La Épica de la Pobreza, la primera gran letra de Edu en un trabajo donde está más inspirado que nunca —hay que reivindicarlo entre los mejores letristas del indie nacional— coronada con la coda “Ven a la espalda de la ciudad/ La que sostiene tu modernidad”. Ciudades de diseño tan huecas como las cabezas de quiénes las gobiernan…

Y lo mejor aún está por venir ¿Buscáis un hit? Esa podría ser Ramón y Cajal y su historia de discoteca. Jangle pop contagioso de pegada inmediata. Desenfadada, divertida, reconocible. El pop se hizo para poner letra a nuestros quehaceres, manías, miedos, anhelos y convertirlos en universales. Himno.

Seguimos en racha, y es que llega rauda El Olivar, para quien escribe, la joya de la corona de Toni Bravo. ¿Las Ruinas bebiendo del kiwi-pop? Ese bombeo de la batería, esa guitarra cabalgando hasta el infinito. Ecos de The Bats —palabras mayores, lo sé— en una canción simplemente E-S-P-E-C-T-A-C-U-L-A-R. Emoción.

Sin tregua, pero bajando un peldaño nos encontramos con El Estado del Bienestar, cimentado en un abrasivo riff que va creciendo y con la sorpresa de encontrarnos con el bajista Jaime a cargo de las tareas vocales. Sin embargo, la que le sigue, Paseo Marítimo, es diametralmente opuesta y, de nuevo en mi opinión, el otro hallazgo mayúsculo del disco. Envuelto entre brumas y una delicadeza melódica que nunca pierde su sutileza se desarrolla una postal perfecta de un momento de observación y reflexión. Un pequeño relato de corte introspectivo y alcance de nuevo universal, en la que puede que sea la mejor letra que Edu haya firmado hasta la fecha, culminada con las brutales líneas “Y en mi cabeza, otra vez/Lo que pudo ser y lo que fue/Es curioso lo que piensa que llegarás a ser/ Y lo que finalmente eres”. Forma y fondo en tres minutos y medio de pop redondo.

Tras tantas joyas, el último tramo de Toni Bravo quizá pierda algo de brillo en comparación. Postales, firmada por los miembros del grupo, es con diferencia la más abrasiva y directa del lote, seguramente de lo más reconocible de las antiguas Ruinas, pero el punto fuerte de la canción reside de nuevo en la letra, diatriba contra esta ciudad para turistas que “Esconde a los pobres bajo la alfombra”. También Cansado de Mí tiene el indiscutible ADN Ruinas. En apenas dos minutos se despacha un tema que habla del auto-hastío. Escuchad hipsters, escuchad. Un mundo superficial sólo genera personas superficiales.

Suecia nos devuelve al trío en su faceta más surrealista y juguetona. Estrofas saltarinas que explotan y descargan la electricidad condensada en su estribillo mientras en tan sólo dos versos se nos habla de las “Diosas del Olimpo” escandinavas —no discutiremos su buen gusto—. También mínima, pero mucho más directa y punk es Nada, también cantada por Jaime y su claro regusto Pistols con ese “¿Qué futuro? No hay futuro” y su cristalino nihilismo.

Y tras la instrumental Último Tren, que realmente logra casar las sensaciones que desprende su peculiar pulsión con su título, llegamos a Canción para Ligar, un regreso a la discoteca cuya letra contiene varias perlas —“No hay medias naranjas, sólo naranjas enteras”—, un tono más optimista y una concentración de euforia en su imparable estribillo, poniendo el punto final a Toni Bravo en todo lo alto.

Lo dicho, el mejor disco de Las Ruinas.

 

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