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Lana del Rey “Ultraviolence” (2014, Polydor)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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El mundo de la música necesita más estrellas como Lana del Rey, cantantes que no tengan miedo a publicar lo que les dé la real gana. Y es que, aunque su anterior trabajo vendió 7 millones de copias, la neoyorquina no es una estrella del pop al uso. Lo demuestra en su nuevo álbum, que es la cosa menos comercial del mundo. “Ultraviolence” es un trabajo denso, lánguido, en el que apenas hay hits y todo son baladas. Es lo que muchos llamarían un suicidio comercial, pero es lo que ha querido que salga a la luz, y eso ya la honra.

Con un disco así, la discográfica se ha tenido que poner las pilas, y en los meses previos a la salida del álbum ha habido una auténtica avalancha de información. Y parece que ha funcionado, porque en estos primeros días de vida, “Ultraviolence” está arrasando en las listas (ya veremos qué pasa la semana que viene). Una de las cosas que más se ha comentado es la producción de Dan Auerbach, uno de los miembros de Black Keys. Según dicen, Lana ya tenía todas las canciones hechas y él no tuvo que hacer mucho con ellas; tan solo pulirlas y darles su toque personal, que se nota mucho (es un trabajo con una producción muy áspera). A lo largo de todo el disco se puede intuir la mano del Auerbach, e incluso parece que ha contagiado a los otros productores: ‘Pretty When You Cry’ (una de las dos que no produce él), tiene un arrebato rockero que bien podría ser obra suya.

Cuesta mucho meterse en “Ultraviolence”, y más de uno lo dejará a medias. Los 51 minutos de la versión normal (hay una deluxe que se va a los 70 minutos) resultan pesados, y es complicado escucharlo entero sin aburrirse. Lo mejor es adentrarse en él en pequeñas dosis. Empieza estupendamente con ‘Cruel World’, que es de lo mejor del álbum, y tras ella caen los cuatro singles previos seguiditos. De estos sencillos, el único que llega al nivel de los de su anterior disco es ‘Brooklyn Baby’, que se supone que iba a cantar con Lou Reed, si este no se hubiera muerto. En el resto encontramos partes interesantes, pero no llegan a ser redondos. Por ejemplo, ‘Shades of Cool’ resulta en exceso lánguida, e incluso su voz suena demasiado cargante, pero tiene uno de esos arrebatos guitarreros que hacen que la canción termine funcionando. Otro ejemplo es ‘West Coast’, que en un principio es algo sosa, pero la termina arreglando con un estribillo marca de la casa.

Los grandes problemas vienen a partir de ‘Sad Girl’, muy sosa, que tarda cuatro minutos en despegar. Colaría si no hubiéramos pasado por los 25 minutos anteriores, pero después de cinco canciones largas y perezosas, esta no entra. Afortunadamente, si lo hacen ‘Money Power Glory’ y ‘Fucked My Way Up To The Top’, donde se deja de chorradas y, a las primeras de cambio, se va al estribillo. Además, en la última es donde más macarra se pone en todo el disco, y eso se agradece. Tras ella, se vuelve a relajar, quizá demasiado, y cierra el disco con una bonita pero excesivamente larga ‘Old Money’, y con una versión. Y es que, en su empeño por rememorar tiempos pasados, ha decido que lo mejor para acabar este trabajo era hacer el ‘The Other Woman’ de Jessie Mae Robinson. No le ha quedado mal del todo.

Aunque e inferior a su anterior trabajo, no es un mal disco. La gran pega es que le ha quedado demasiado lineal, y en algunos momentos resulta un tanto pesado. Un buen par de hits entre medias no le hubieran venido mal.

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