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El Lado Oscuro de la Broca,”Poderosa” (El Genio Equivocado, 2016)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Si en vez de El Lado Oscuro de la Broca se llamasen The dark drillsThe dark side of the drill me suena a nombre paródico de Pink Floyd— y vinieran de Washington D.C. y no de Zamora, los festivales, tanto patrios como ajenos, se los rifarían. Con Beta, su disco de debut publicado el año pasado, El Genio Equivocado nos «plantaba en la cara» a un grupazo de descomunal e inmediata pegada, que gravita entre el noise volcánico y el shoegaze «peso pesado». Y ahora, con los oídos aún resonando tras el K.O. técnico de su fiero directo en el pasado Primavera Club, nos llega Poderosa. Y no, muy posiblemente no estás preparado para el segundo asalto. Pero el gong acaba de sonar y el juggernaut mesetario se acerca sediento de sangre a tu esquina del cuadrilátero… ¡Guitarras fuera!

El primer directo a la mandíbula, Cartas al apóstol, elegida como sencillo de presentación del álbum, no se anda precisamente con rodeos, ataque acelerado, a tumba abierta, durante tres minutos y medio, con batería ígnea, muro impenetrable de guitarras y una de esas letras tétricas —«si eres pobre llora, no te servirá / los niños van corriendo hacia el abismo», toma ya— que empezamos a reconocer como «marca de la casa». Casi tan amenazadora como cuatro años más de gobierno del PP.

Sin bajar el pistón se presenta Frenética, segundo adelanto del nuevo trabajo en el que, además de un ambiente sofocante, destaca la presencia vocal de María G. Mieres, guitarra y voz del dúo San Jerónimo. Dos voces al galope envueltas en ruido que, al llegar al ecuador del tema, se permiten un instante de danza más íntima, ese momento en el que las luces estroboscópicas permiten a los dos amantes verse fugazmente antes de que la tromba de feedback vuelve a descargar. Pocas veces el título de una canción ha sido tan preciso.

Al mismo ritmo, pero algo menos saturada y límpida en las voces, al menos de inicio, la breve Estados miembros juega con el oyente, amagando la esperable explosión en favor de un final instrumental de cierre abrupto. Rauda acude Dolomita, impecable aproximación «broquiana» al post-punk, y en donde el grupo se permite un segundo fragmento instrumental que deja en el oyente sensaciones encontradas: entre lo ominoso y lo vibrante.

A continuación, entramos en la sección más experimental de Poderosa. Primero con Ciclogéminis, de las más atmosféricas del lote. Voces distantes, el «grifo» del ruido blanco abriéndose paulatinamente a medida que aumenta la tensión, un remanso de falsa paz, y la tormenta sónica que se desata, causando pavor cuando colisiona con ese «no se qué me vas a decir» que parece desfigurado, como si fuera cantado desde el más allá. Y luego con La puerta occidental, de hipnótico y luminoso arranque… que va emponzoñándose, como si la banda fuera una cuadrilla de retorcidos guionistas con instrumentos en vez de ordenadores —o, si sois más románticos, máquina de escribir o pluma y papel— y en donde los ribetes electrónicos brindan al grupo múltiples posibilidades para «escribir» la desolación en algo más de cuatro minutos.

La contundencia regresa con Trás-o-montes y su estribillo sulfúrico martilleado por esa batería con alma de ametralladora. Pero El Lado Oscuro de la Broca vuelve a apostar por la senda difícil, situando su ímpetu en segundo plano, motor de la canción, mientras apuesta por un desconcertante —en el buen sentido— pasaje instrumental. Parafraseando al «más grande», flota como una mariposa con una tonelada de artillería rockera y pica como una abeja con un aguijón noise tamaño Estrella de la Muerte…

Las encargadas de cerrar Poderosa están lejos de ser mis predilectas del disco, pero sirven como certero epitafio fúnebre a un álbum de oscuridad casi total, al mismo tiempo que resultan una clara declaración de intenciones sobre la amplitud de miras de la banda dentro de su fórmula de rock abrasivo. En Octo el maridaje electrónica-guitarras navega sólido a todos los niveles, sorprendiendo especialmente en el tratamiento vocal, para desembocar en una pieza de lo más reconocible, acabando en «modo atropellamiento», con un último tramo de auténtica paliza a los platos. Mientras, Ardimiento tarda cerca de dos minutos de banda sonora distópica en «transformarse en canción» para desbocarse furiosa hasta desvanecerse. El remate final antes de que suene la campana, por si todavía te quedaban fuerzas para seguir el combate… o para asegurarse de que no te levantas. Tenemos muy pocos grupos con el empuje y la enjundia de El Lado Oscuro de la Broca en nuestro país. Hay que disfrutarlos…

Valoración: 7,8

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