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La Familia del Árbol “La montaña y el río” (Mushroom Pillow 2011)

Autor: | @indienauta

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Vuelve a caer sobre mis manos la tarea de escribir una crítica sobre un disco de debut. En este caso se trata del debut del proyecto de Nacho y Pilar, núcleo de un grupo que suena a muchas cosas de hace años, de una época gloriosa de la música de este país, cuando demanda y oferta musical iban de la mano para marcar a toda una generación. Hablo por supuesto de los años 60. Lo primera imagen que me vino a la cabeza cuando escuché a La Familia del Árbol fue la de una calle destartalada de la época franquista (por la cronología, no por la connotación política) rellena de Seat metálicos, duros, compactos, pantalones hasta el ombligo, estrechos y acampanados, gafas semitransparentes, patillas, camisas ajustadas con estampados ocreáceos,... y todo filmado con una cámara 8mm. Para mí es una bella imagen, porque es una época de la que he oído hablar tanto y con tal pasión que en mi mente parece que hubiera sido real alguna vez. Así que no es de extrañar que al escuchar "La montaña y el río" por mi mente aparezcan Juany Junior, o lo que es lo mismo, la parte más espiritual de los Brincos, Beach Boys (el timbre de voz de Nacho Casado haciendo agudos falsetes recuerda mucho al de Carl Wilson), o aromas del "All thing must Pass" de George Harrison,... El disco se mueve por esos derroteros, aunque La Familia del Árbol citan en su nota de prensa otras referencias que quizás me cuesta más discernir, aunque es verdad que se adivinan en ciertas canciones, como Belle & Sebastian, Nick Drake o The Byrds.


"La montaña y el río" se compone de 6 temas, que son pocos para un LP y muchos para un Ep. Así que sin saber muy bien qué es (tampoco es importante) sigo hablando de la sensación global tras varias escuchas. Es un disco dulce, de alma blanca y reluciente. Todas las canciones irradian pacifismo, un equilibrio espiritual entre el bien y la beatificación. Es tranquilo, no tiene ni un ápice de agresividad, a uno le entran ganas de rodearse de amigos en un casita en el campo, vistiendo de blanco, 2 guitarras, alguna que otra sustancia opiácea y respirar vibraciones de naturaleza y fundirse con ellas. Una flauta travesera, guitarras acústicas con simples arpegios y rasgueos que suenan artesanales, infinidad de voces reverberizadas, a veces un piano, otras, trompetas. Todo perfectamente afinado y en elegante armonía. Cada uno de los temas es un viaje al mismo lugar, con diferentes palabras, pero con destino parecido, ya que las canciones están vestidas con sedosos ropajes que acarician los pensamientos y los conducen hipnotizados adonde La Familia del Árbol quiere.

Es un disco que está elegantemente pulido, sin rugosidades, como he dicho antes, como la seda. Siguen una línea recta que no se tambalea en ningún momento. Llevan firmemente la bandera de su sonido sin vacilar y con una seguridad aplastante. Rinden culto sin tapujos a sus influencias en "Mi preciosa amada" donde desde el segundo nº 1 se escuchan a los Beach Boys, y es quizás el grupo que mejor describe los arreglos vocales de La Familia del Árbol. Y destaco "El invierno más duro" y "El río y la montaña" de entre las 6 canciones del disco, por esa obligación que tenemos los críticos de recomendar temas. De todos modos, sólo con que te guste una de sus canciones te gustarán todas las demás, algo que agradecerán todos aquellos a quienes les sobre los cambios bruscos dentro de un mismo disco. Éste no es el caso.

Algo que me sorprende tratándose de un debut es la falta de riesgo. Quizás rompería ese equilibrio del que hablaba antes, pero no sé si considerar esto como positivo o negativo. Me explico. Esa carencia de novedad instrumental impide que el disco sorprenda al máximo, se queda en un correcto "remake" de discos de los 60/70 que ya conocemos, actualizados. Pero también es verdad que no abundan hoy día discos con este sonido, así que probablemente un no acertado intento de modernización habría destrozado el resultado final. Lo dejo en el aire, pero me imagino en ciertas canciones algunas guitarras o teclados con nuevos sonidos y me quedo con las ganas de saber qué habría ocurrido en tal caso...

Como conclusión final, nos encontramos ante un disco y una banda fresca, que saca el polvo al legado que dejaron años atrás muchísimos grupos en este país, desde los Brincos hasta los Sirex, y que, sin ánimo de retocarlo, lo reproducen fielmente en el siglo XXI. Es como si aquellos años 60 nunca se hubieran marchado y aún siguiera en marcha la inmejorable fábrica de canciones que ponía banda sonora a los recuerdos de nuestros padres. ¡Qué tiempos aquellos en los que las bandas de un país eran la música de baile de los guateques!  Me da la sensación de que bandas como La Familia del Árbol han empezado la lucha para erradicar esa mala constumbre moderna de considerar todo lo de fuera mejor de lo de aquí. Pueden contar conmigo para que logren la victoria.

A FAVOR: Es disco es impecable, sin manchas sonoras, agradable al oído y fácilmente reconocible. Chaupeau como disco debut.

EN CONTRA: No suelo tratar este aspecto en mis críticas, pero algunas frases suenan metidas con calzador.

 

 

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