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La Bien Querida, Premeditación, Nocturnidad y Alevosía (Elefant Records, 2015)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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Con su cuarto trabajo, La Bien Querida no sólo ha demostrado que es capaz de moverse como pez en el agua en estilos que, en un principio, no son el suyo, sino que también sabe cómo funciona actualmente la industria musical. Gracias a su decisión de publicar las canciones de su nuevo álbum con cuentagotas, en tres EPs de cuatro canciones cada uno, y edición limitada en vinilo, su nombre no ha dejado de sonar en los últimos meses. Poco a poco hemos ido escuchando lo bien que se adaptan las canciones de Ana Fernández-Villaverde a la electrónica triste y minimalista que inunda este trabajo. La única duda que quedaba era si los tres EPs iban a funcionar como conjunto. Esa duda quedó despejada a la primera escucha.

Poderes Extraños’ es un hit en toda regla que abre el disco sin contemplaciones. En él, la voz de Fernández-Villaverde se adapta a la perfección a los sonidos sintéticos y las cajas de ritmos (es como si estuviéramos escuchando a una Janette con influencias synth-pop). A pesar de que todo el disco tiene un tono oscuro, y algo deprimente, no es el único hit que encontramos en el álbum. ‘Música Contemporánea’ y ‘Vueltas’ van directas a los oídos del oyente, y no hay quien se las quite de la cabeza desde el primer momento. Incluso el toque punk y guitarrero de ‘Geometría Existencial’ te deja tocado a las primeras de cambio. Curiosamente, estas tres canciones pertenecen al último EP, que es el más directo, y que incluye también ‘Muero de Amor’, toda una balada sintética que tiene un cierto aire a los OMD más épicos (algo que también se deja ver en la atmosférica ‘Carretera Secundaria”).

Si hay algo que resulta sorprendente en “Premeditación, Nocturnidad y Alevosía”, es el toque minimalista que tiene todo el álbum. La bilbaína se podría haber ido hacia el pop electrónico más convencional, ese que encontrábamos en alguna ocasión en  su anterior trabajo. Sin embargo, ha preferido investigar nuevos caminos y terrenos más pantanosos, logrando dar con el sonido perfecto para sus letras melancólicas, y sus canciones de amor. En ‘El Origen del Mundo’ y en ‘Alta Tensión’ juega con la timidez de los sintetizadores, que nunca llegan a explotar (ni falta que hace). Y en ‘Disimulando’, que tiene sonidos mucho más crudos, fusiona con la ayuda de Joe Crepúsculo el toque folclórico de su primera etapa (esas palmas) con una electrónica casi industrial. Con ella sigue en la intensa ‘Ojalá Estuvieras Muerto’, la canción más oscura del álbum, en la que vuelve a reincidir en el tema del amor, un amor duro y difícil del llevar, como el que planea por todo el disco.

Como decía un buen amigo hace unos días, “Premeditación, Nocturnidad y Alevosía” es un disco que gusta tanto a los seguidores de La Bien Querida, como a sus detractores. No puedo estar más de acuerdo.

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