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King Creosote, Astronaut Meets Appleman (Domino 2016)

Autor: | @sergiomiro

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Si “los 50 son los nuevos 40”, Kenny Anderson (alias King Creosote) se está aproximando a la crisis de la mediana edad en uno de sus mejores estados de forma. No es que haya andado corto de inspiración hasta ahora, como prueban los casi 60 discos que lleva publicados entre trabajos propios, colaboraciones y caprichos varios; tampoco le falta el respeto de crítica y compañeros del gremio, algo que ya se ganó sobradamente al ser ideólogo y fundador del sello y movimiento Fence, a través del cual encontraron vías de expresión los cantautores más atrevidos y estimulantes que han salido de Escocia en las últimas dos décadas. Pero parece que es ahora, entre nominaciones al Mercury junto a Jon Hopkins, y el éxito de su último disco From Scotland with love (2014), cuando King Creosote ha encontrado vía para vender globalmente un sonido local y personal.

Un dato crucial en la vida de Anderson tiene que ver con que el acordeón fuera su primer instrumento. Forzado por su padre a empaparse de la tradición escocesa e irlandesa, su mayor frustración era la diferencia entre la música que estaba tocando y la música que le gustaba. La música de King Creosote tal y como nos llega en este nuevo trabajo es una perfecta destilación de esa cultura centenaria que finalmente aprendió a amar, y toda la cultura pop que fue adquiriendo por ósmosis como adolescente de los 80. Sólo así puede explicarse que consiga colar una gaita en Melin Wynt sin que suene repelente, casi como si de un sofisticado sonido de sintetizador se tratase.

Esa dualidad entre lo moderno y lo tradicional va más allá de lo puramente musical. Y es que Anderson tiene la edad bisagra de los que han abrazado las nuevas tecnologías sabiendo todo lo que dejaban atrás en el mundo analógico en el que crecieron.

El título del disco, precisamente, alude a otro episodio personal, esta vez entre Anderson y su jovencísima hija, quien prefirió jugar con un muñeco artesano hecho con una manzana en lugar de con un sofisticado astronauta de juguete que también competía por su atención. La niña tiene otro momento estelar en el disco, adornando con su inocente voz las orquestaciones que dan forma a Peter Rabbit Tea.

You just want abre el disco convirtiéndose en emblema de esa idea al combinar una interpretación puramente orgánica, con una serie de loops que van convirtiendo la canción en un curioso mantra folk. La intensa Surface también impone un ritmo muy propio de Arcade Fire hasta que llegan más sonidos gaiteros llegan para descolocarnos y ofrecernos algo nuevo.

Al margen de esos experimentos, y de piezas como Rules of engagement que cierra el disco con toda la solemnidad de las mejores baladas celtas, el disco evidencia, ante todo, el talento de Anderson para rematar una perfecta estrofa popera, tal y como demuestran Wake up to this o la estelar Love life.

Valoración: 7,4

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