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Joe Crepúsculo, Nuevos Misterios (Ópalo Negro – El Volcán 2015)

Autor: | @siguesiguepop

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En su empeño por buscar el disco total, parece que Joe Crepúsculo ha vuelto a dar un paso de gigante con la publicación de este “Nuevos misterios”. Si con “Baile de magos” volvía a convencernos, pero quizá se tornaba algo monótono, después de la leve decepción de El caldero”, con este su séptimo disco se ha propuesto volver a divertirnos, y para ello ha optado por algún que otro destacable giro en su carrera.

Vuelven a estar presentes en el disco la cacharrería fina y las letras descacharrantes marca de la casa, pero para esta vez ha optado por un deje flamenco que conquista desde la primera escucha. Así nos encontramos las colaboraciones de Las Negris y Tomasito dando brío a canciones como “A fuego”, un hit inconmesurable y la ‘kikovenenera’ “De Ferrol a Cartagena”, que nos hace cruzar la península en diagonal con el típico humor made in Crepus.

También nos convenció con ese avance a modo de trallazo que fue “La verdad”, con los coros de La Prohibida y Supreme Deluxe y reincide con ese olfato para los trallazos con la hipnótica “Corazón de colmillo”, que abre el disco y que podrías pasarte el resto de tu vida escuchándola en bucle y con “Maricas“, una versión de Los Punsetes que, quizá no supera, pero que también borda. Es verdad que quizá no tengamos un llenapistas tan directo como lo fue en el anterior disco “Mi fábrica de baile”, pero sí que la variedad y la diversidad le dan a estos “Nuevos misterios” un matiz diferente.

Como anécdotas, no queriendo con esto decir que la cosa tenga poca chicha, quedan por ahí una especie de querencia por un Julio Iglesias espectral en “Somos perros” y la intrigante “La morada“, que incluso podría retrotraernos al “Hijo de la luna” de Mecano. Misterioso, como vemos ya desde el título, pero igual de vivo que siempre, Joël Iriarte se apodera de nuestro oído, y también de nuestras piernas, en todo el disco.

Afortunadamente parece que a Crepus le quedan talento y ganas de sorprendernos para rato y eso, por supuesto, hay que celebrarlo. Bailemos.

 

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