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Joana Serrat, Dear Great Canyon (El Segell 2014)

Autor: | @sergiomiro

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Esto de Joana Serrat me recuerda a la anécdota sobre el momento en el que Declan Aloysius McManus se convirtió en Elvis Costello, un nombre artístico justificado por su manager porque “el mundo ya está preparado para otro Elvis”.

Podríamos decir que España está preparada para una nueva Serrat, apellido que además es el auténtico de esta joven artista de Vic.

La duda que podía quedar era si nos cabía una nueva cantautora de guitarra en mano y voz aterciopelada, después de la saturación a la que hemos llegado tras la coronación de las “russians”, las “anni-Bis” y demás sospechosas habituales. La respuesta es, rotundamente, sí. Al fin y al cabo, la culpa no es de la cantidad de artistas féminas talentosas que sin duda están ahí, a la espera de su oportunidad para ser oídas, sino de aquellos que decidieron que todas ellas debían de ser empaquetadas de la misma manera. A Joana le sobran canciones y personalidad para salirse automáticamente de cualquier posible etiqueta preconcebida.

Y eso que su disco, al principio, parece exquisito pero excesivamente inofensivo. Cierto es que está impecablemente grabado (ni más ni menos que por Howard Bilerman, el hombre que también grabó el Funeral de Arcade Fire, o piezas notorias de Vic Chesnutt y Wolf Parade, entre cientos de otras), y tocado de manera impoluta por una banda de pros de clase “A”; cierto es también que se mueve en parámetros bastante integrados en el pop y el neo-country americano en su vertiente más plácida… Pero a poco que se empieza a convivir con esas canciones, muchas de ellas enriquecidas por el don de la brevedad y la concisión, uno va encontrando matices en los que regodearse y melodías con las que acurrucarse.

Joana muestra un rango amplio como compositora y como cantante, recordándonos a infinidad de clásicos del género, y a otros grandes contemporáneos como Josh Rouse, Laura Veirs o incluso Cat Power (a la que llega a clavar en Stop feelin´ blue). Incluso se permite en Green grass romper momentáneamente la baraja subiendo el ritmo y dejando paso a una luminosidad pop que recuerda a las mejores piezas de Best Coast.

Para redondear la fórmula –y soy consciente de que esto ya es cosa de gusto personal- , tan solo cabe pedir para el futuro un poco más de la intensidad que se deja entrever en las guitarras finales de Place called home.

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