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Jessica Pratt, “Quiet Signs” (Mexican Summer 2019)

Autor: | @sergiomiro

Música sencilla para tiempos complicados. No es la primera vez que algo así funciona a la perfección. Ya en los 60, el folk se convirtió en uno de los vehículos preferidos de la contracultura juvenil para musicalizar sus inquietudes. De momento, la obra de Jessica Pratt no parece tener una agenda socio-política que cumplir, pero sí que ha encontrado un insólito encaje en un contexto actual dominado por la irritación, la sobrecarga de información, las fake news y la polarización ideológica. La cantautora Angelina ha llegado para acurrucarnos con sus delicadas tonadas y para calmar nuestros ánimos con su voz de duende aniñada (similar a la de Joanna Newsom y CocoRosie, aunque con un tono mucho más dulce).

Quiet Signs es su tercer y mejor álbum. El paso definitivo hacia la profesionalización, que implicaba dejar atrás las grabaciones caseras para entrar por primera vez en un estudio, no ha afectado a la sinceridad y el encanto que desprende cada una de estas nueve piezas. De hecho, pese a la prístina cualidad del sonido, la voz de Pratt está tratada como si nos llegase a través de los sueños, y llena el espectro sonoro de la habitación (o de nuestros auriculares) a pesar de que en ningún momento parezca elevar su tono desde el casi-susurro. Cuando en Silent Song esa voz aparece doblada y armonizando consigo misma, el efecto se amplifica y nos recuerda a aquellas impagables piezas de los primeros Simon & Garfunkel.

Obviando el piano que domina la pieza de apertura (la instrumental Opening Night, interpretada por la pareja de Pratt, Matthew McDermott, y donde ella se limita a tararear un par de notas desde la distancia), el instrumento que sujeta el disco es la ya característica guitarra de cuerdas nylon, alternando entre el finger Licking y el suave rasgueo, en un tratamiento casi como de pequeña arpa (ahí están otra vez las posibles comparaciones con Newsom). El resto de la instrumentación casi parece que pidiera permiso para ir entrando, y se limita a pequeños toques de órgano, teclados, o vientos de madera. Tan sólo el solo de flauta final de Fare Thee Well se permite reclamar un grado de protagonismo a la altura del de nuestra protagonista. Tal acompañamiento forma parte del carácter mágico del disco, y por tanto de sus méritos, si bien confieso que me encantaría ver hasta dónde podría llegar una canción como Poly Blue si se arreglase con la pomposidad pop que parece sugerir su naturaleza tan de Tin Pan Alley.

Valoración: 7,7

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