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Javier De Torres, Nobocop (Be8 Música 2014)

Autor: | @sergiomiro

JAVIER_DE_TORRES

A Javier De Torres se le puede y se le debe admirar; al fin y al cabo, es un músico maravilloso, todo un portento como compositor de pequeñas golosinas artesanales pop.
Pero es que a Javier de Torres se le puede y se le debe querer; sus historias suelen arrojar una mirada erudita y juguetona a todos los escalones de la cultura popular, o audaces observaciones que convierten en memorable acontecimiento cualquier circunstancia casual de la vida del treintañero de clase media. Resulta sencillo desear tenerle en tu grupo de amigos, alumbrando cualquier sobremesa cervecera con su ingenio y sus conocimientos arrojados “ a lo random” sobre la conversación.

Da rabia que alguien así no haya logrado dar con la fórmula para que su genio sea celebrado, a ser posible de manera mínimamente lucrativa, por el gran público. Eso convierte los discos de Javier De Torres en pequeños milagros de tozudez artística, impecablemente grabados y arreglados, donde tocan algunos de los mejores músicos de este país, y donde los inevitables números rojos de la factura final son costeados por el propio Javier, poniendo por encima de cualquier lógica económica el afán de presentar sus ideas de la mejor manera posible (en eso me recuerda a otro de nuestros geniecillos pop, GuillermoWild HoneyFarré).

Siendo como es, Javier de Torres toma esta circunstancia como inspiración y casi como tema principal para su último disco de canciones en español, Nobocop. El título imagina a un personaje a medio camino entre el literato Nabokov y el justiciero Robocop. Se trata de “un escritor indestructible”, a pesar de los envites de una vida llena de desdichas y alejada de la gloria.

Sobre todo en la primera parte de este disco doble (que conviene escuchar dividido por una pequeña pausa, para no saturar, según su autor), abundan las reflexiones sobre los creadores y sobre el acto de crear. Y por encima de todo, la terrible idea de que De Torres no está en el sitio que le corresponde.

La entrañable Rufus y su hermana sirve como sincero homenaje al talento de la familia Wainwright, pero también como odiosa comparación sobre el contexto en el que se desarrollaron los talentos de Rufus y de Javier (“Mira Rufus, cómo se ve el mundo desde aquí / Esta que ves es mi ventana VPO / Nada comparable al skyline de Nueva York / ¿Quién elige al fin su suerte?”).

Hay otras piezas basadas en nombres propios, como la dedicada a la memoria de la malograda Cecilia, Un 124 contra el mundo, que funcionaría como perfecto tributo a la leyenda, si no fuera porque a mitad de canción el pícaro de Javier se desmarca con un comentario fuera de tono que rompe felizmente cualquier tentación de agarrarse a la lágrima fácil (“No soy quien para aconsejar a la ultratumba… /… si necesitas rabo, ahí está Nino Bravo / Que da la talla como nadie en los agudos”). Ese mismo espíritu de gamberro listillo se intuye detrás de Danuta Lato, una canción efectivamente dedicada a la polaca que en los 80 plantó cara (o mejor dicho, pechos) a Sabrina y a Samantha Fox.

Lo que convierte Nobocop en una experiencia discográfica muy recomendable es que todos esos momentos conviven con otros de puro mérito compositivo, con textos y músicas que no necesitan recurrir a la referencia fácil para sacarnos la sonrisa.

La canción Grandeza resume como ninguna la idea latente en gran parte del disco, con un De Torres que se pregunta si su gloria en vida va a llegar en algún momento, si conseguirá crear una melodía digna de McCartney, el libreto de un musical o una novela. “¿Es hora de que pierda la esperanza? ¿Es hora de tirar la toalla?”, se pregunta Javier. Sobra decir que Nobocop encierra la respuesta a todo eso, y que entre todos, aunque seamos pocos, tenemos que aplaudir más fuerte para que este hombre pueda escuchar la ovación monstruosa que el destino parece estar tardando en darle.

 

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