Publicidad

Iggy Pop, Post Pop Depression (Caroline 2016)

Autor: | @sergiomiro

Iggy_pop_post_pop_depression

El círculo se cierra. En su debut en solitario, The Idiot (1977), Iggy Pop contaba con un entusiasta David Bowie dispuesto a pulir el carisma en bruto de la Iguana para sacarle partido en un producto lo suficientemente popero para seducir al mundo, y lo suficientemente punk para no decepcionar a los seguidores The Stooges. Casi cuatro décadas de sangre, sudor y rock después, Iggy podría estar dando por concluida su carrera discográfica con este Post Pop Depression. Su amigo Bowie ya no está entre nosotros, pero curiosamente ha sido Josh Homme (Queens of the Stone Age), otra figura de gran calado en la cultura popular actual, quien ha arropado a Iggy bajo su saludable influjo.

Las grabaciones se realizaron en secreto, pero bastó la sola publicación de la foto de portada para que nuestras expectativas se pusieran por las nubes. No sólo contábamos con la jugosa química que cabía intuir entre Iggy y Homme, sino que además el casting para completar la banda era igual de atractivo, con Dean Fertita (multiinstrumentista compañero de Homme en QOTSA y de Jack White en The Dead Weather) y Matt Helders (el excelente motor rítmico de The Arctic Monkeys). Ni que decir tiene que contundencia y creatividad quedan garantizados en cada uno de los nueve cortes.

Nos recibe , a modo de apertura, la melodía siniestra de Break into your heart, tan propia de Homme que podríamos temer estar ante un disco de QOTSA cantado por Iggy. Pese a que ese inconfundible estilo –donde tampoco faltan oscuros riffs y ritmos pesados- se repite en In the lobby y en German days, el disco en conjunto va más allá, respetando el legado de Iggy y jugando con sus puntos fuertes para crear algo nuevo a partir de ingredientes familiares.

Gardenia fue la canción encargada de dar a conocer el proyecto, y probablemente sea la que más posibilidades tiene de convertirse en un pequeño clásico. De manera voluntaria o no, es éste un curioso momento de ouija musical, con un Iggy que casi parece estar invocando una versión básica y rockera del Bowie de aquel China Girl que firmaron juntos.

Melodías ligeramente orientales se cruzan a la perfección con los sonidos básicos y cortantes de Valhalla, dando como resultado uno de los temas más contagiosos, y con un final icónico que nos deja a la Iguana a solas recitando con toda la gravedad de su madurez “I´ve nothing but my name, I´m nothing but my name”.

Sería un tremendo epitafio para nuestro hombre, si no fuera por la verdadera rúbrica de oro reservada para el final. Una aparentemente inofensiva Paraguay da un giro en sus últimos minutos y nos deja a la banda repitiendo una frase en plan mantra (“los animales salvajes actúan, nunca se preguntan el porqué, simplemente hacen lo que coño sea que hacen”), mientras Iggy se va cabreando progresivamente con una perorata impagable contra algún pobre diablo arquetípico (o contra todos nosotros): “coge tu puto ordenador portátil y métetelo en tu sucia boca(…) porque estoy enfermo y es tu culpa, y ahora voy a curarme”.

Cuentan los músicos de la banda que esa parte era improvisada, y que ser testigos del momento en que Iggy grabó de un tirón el discurso definitivo fue como tener un pase privilegiado a un torrente milagroso de esencias del rock. Nosotros no estuvimos allí, pero sí que nos sentimos casi igual de afortunados por disponer de un disco que mantiene a Iggy Pop en un punto relevante dentro del pop actual y que reivindica su indiscutible valía como representante del lado más excitante y peligroso del rock.

 

Valoración: 8,8

To Top