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Hurts, “Surrender” (Sony Music, 2015)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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Jugar con la nostalgia en el mundo de la música tiene su peligro. Por un lado, es más fácil calar en el público con algo ya conocido, pero también te puedes convertir en una mala imitación, una de esas que se olvidan a las primeras de cambio. Esto algo de lo que saben mucho Hurts: tuvieron un gran éxito con su álbum de debut, que tiraba de nostalgia, y poco a poco el público se ha ido olvidando de ellos. Su afán por recuperar a los nuevos románticos de los ochenta a base de synth-pop resultón y pegadizo les funcionó bien unos meses, lo que tuvo de vida su primer trabajo. Ahora, y tras un segundo álbum que recibió unas críticas espantosas, vuelven con un tercer trabajo con el que pretenden cambiar un poco de estilo.

El dúo de Manchester se ha propuesto seguir en el candelero a cualquier precio. Para ello se han sacado de la manga un álbum en el que se acercan a casi todos los estilos que triunfan en el pop actual. Un disco sin ninguna personalidad, en el que juegan a muchas bandas, pero sin terminar de cuajar en ninguna. Así, nos encontramos con que ahora prefieren irse a la pista de baile más simple y hacer canciones con tan poca chicha como ‘Why’ o ‘Kaleidoscope’, que son de un soso que asustan. El asunto les funciona un poco mejor en ‘Some Kind Of Heaven’, que al menos cuenta con un buen estribillo y un toque épico que le da algo de ánimo a su música. Pero es en ‘Nothing Will Be Bigger Than Us’ donde demuestran que no le tienen miedo al pop actual, y se marcan un tema cercano a ese EDM que tan de moda está ahora. No es que sea una maravilla, pero al menos se fijan en estilos un poco más actuales.

Si hablamos de estilos actuales, hay que mencionar ‘Lights’, en la que se acercan a ritmos más funk, y se hacen con una canción que está más próxima a Blood Orange que a Ultravox. Pero no se olvidan de sus raíces y vuelven a caer en los tics del pasado en esa baladas que tiran de épica y que, en muchos casos, son demasiado ñoñas. Es el caso de ‘Rolling Stone’, que es excesiva y demasiado pomposa. Sin embargo, cuando rebajan el nivel de intensidad, se hacen con una balada decente como ‘Wish’, en la que no necesitan un manto de instrumentos para llevar la canción a donde quieren; al lado de los primeros Coldplay. Así dejan claro que quieren quitarse de encima el muerto nuevo romántico que les cayó (merecidamente) con su primer álbum.

Surrender” es un disco con buenas intenciones, en el que al menos tratan de librarse de su pasado, pero en el que fallan en la ejecución de los temas. Son canciones que, salvo contadas excepciones, están vacías y faltas de alma.

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