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Hundred Waters, The moon rang like a bell (¡K7 2014)

Autor: | @sergiomiro

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Por si la gente no tenía bastante lío discerniendo qué lado de la balanza, si el folk o la electronica- tenía más peso en el sonido de Hundred Waters, van ellos y empiezan su segundo disco en absoluta tierra nadie, con un melódico Show me love cantado a capella por una Nicole Miglis desdoblada a golpe de multipistas y con un ligero toque de autotune.

Es un bonito comienzo, una bienvenida a un disco en el que los contextos sonoros van mutando con la misma fluidez que una exitosa combinación de elementos químicos.

Murmurs es la siguiente canción, una pieza no del todo alejada de las excentricidades bañadas en belleza de CocoRosie. Esta comparación es una de las muchas que se le podrían colgar a Hundred Waters, pero escojamos a quien escojamos para la dura tarea de tratar de describirlos, habrán de ser creadores famosos por ser indomables y la comparación se tendrá que limitar a algunos pasajes del disco, ya que este cuarteto de Florida se encarga de hacer tantos requiebros como haga falta para que nadie (y menos este humilde indienauta) se atreva a describirlos con una simple frase perezosa.

Después de acercarse más que nunca a Björk en Out Alee (marcada por una sinuosa línea de teclado de aires chinescos), y de hacer R´n´B a su manera en Innocent, el disco entra en una curiosa pausa de naturaleza casi conceptual, llegando prácticamente a diluir cualquier atisbo rítmico en el etéreo trio de canciones conformado por Broken blue, Chambers (Passing train) y Down from the rafters. A destacar cómo en medio de esa aparente desolación, algún que otro sonido sintetizado es capaz de emerger por sorpresa evitando que ningún insensible se quede dormido y sacudiendo más de una emoción por el camino.

Ahora bien, para recuperar de verdad la atención del oyente medio poco acostumbrado a casi 15 minutos de sutilezas seguidos, nada como [ Animal], que llega a continuación. Se trata de una singular colección de ritmos bailables donde conviven sin problemas unos teclados que parecen sacados de la banda sonora de El mentalista, y un interludio instrumental que suena a lo que haría Chimo Bayo si hubiese llegado a tener estudios de solfeo. No se asusten: la combinación funciona y hasta seduce.

En resumen, The moon rang like a bell es un sólido segundo paso de una banda cuya singularidad no suena en absoluto forzada, y que sabe recompensar a aquellos que le prestan su paciencia, su atención y su sensibilidad.

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