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How to Dress Well, “The Anteroom” (Domino 2018)

Autor: | @sergiomiro

Cuenta Tom Krell que en su anterior trabajo como How to Dress Well (Care, 2016) intentó acercarse al pop y al R&B por intentar ver cuánto podía lucrarse con sus habilidades creadoras y, también, casi que como una reacción de desafío a la cantidad de amigos que le rodeaban y que parecían estar obsesionados por bandas como Wilco. Lo que son las cosas, ahora que la escena musical que tanto escozor le producía parece retraerse, y que estamos dándonos de bruces con el debate sobre el trasfondo intelectual del perreo y del pop más lúdico, llega Krell y da un giro hacia lo solemne que casi podría valer como nueva respuesta opositora a la tendencia que festivales como el Primavera Sound intentan legitimar.

Porque poco hay de lúdico en The Anteroom, el quinto disco del proyecto de Krell. Se trata de una obra densa y sombría donde apenas queda el respiro que da el bombo a negras y la ambientación house de Nonkilling 6 | Hunger, justo a la mitad del disco. Por lo demás, predominan ambientes opresivos y a la vez fascinantes, un regreso evolucionado a las primeras grabaciones de How to Dress Well, solo que ahora con la riqueza sonora que proporcionan la experiencia, la ayuda en la producción del mago Joel Ford (Oneothrix Point Never, Autre Ne Veut) y el beneficio de por una vez poder estar en un estudio por un número de horas ilimitado. El disco se convierte en un circuito de emociones que pasan del poderío al susurro, de la cabriola electrónica de alta fidelidad a estrofas enteras grabadas en una nota de audio en el teléfono donde el emocionante falsete de Krell cobra inesperada fuerza a partir de su fragilidad, a veces con resultados muy compatibles con los que andaba trabajando Bon Iver en su divisivo 22, a Million (2016).

No voy a decir que un poco de perreo le hubiera venido bien -por suerte, este humilde indienauta aún no ha llegado a eso-, pero sí que el peso gris de casi todo esta propuesta puede hacerse un poco agobiante para el oyente, con lo que el disco a veces se convierte en una experiencia de las que se admiran más de lo que se disfrutan.

Valoración: 6,3

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