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Honeyblood, Honeyblood (Fat Cat Records/PopStock! 2014)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

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Allá por el mes de julio os presentábamos a las escocesas Shona McVicar y Stina Marie Claire Tweeddale, más conocidas como Honeyblood, un efervescente dúo de indiepop pasado por el filtro noventero —ramalazos grunge y punk y letras ácidamente in your face— destinado a ser una de las sensaciones de este ya agonizante 2014. Y aunque mucho han cambiado las tornas desde entonces —McVicar ha sido reemplazada por Cat Myers—, su homónimo disco de debut sigue estando entre lo más recomendable del año. Así que tocaba revisarlo en Indienauta.

Honeyblood. Miel y sangre. Nunca el nombre de una banda se había ajustado tanto a la música que tocan. Eso es lo que nos vamos a encontrar en 40 minutos donde las melodías dulces y las armonías vocales conviven en perfecta sintonía con las guitarras corrosivas, deudoras del rock alternativo norteamericano de los 90, junto a ingentes dosis de bilis y hachazos verbales. Es el caso de Fall Forever encargada de abrir el disco de forma impecable y situando al oyente dentro de los parámetros sónicos por los que se van a mover las chicas de Glasgow. Podríamos decir que las abejas ganan este primer asalto, pero les va a durar poco.

Y es que nunca antes una canción con un estribillo tan diáfanamente cabreado como “I will hate you forever” había sonado tan irresistible. Esa es Super Rat, una andanada lírica tremenda, sin ambages, camuflada en una grácil golosina pop. Auténtico tobogán de subidas y bajadas, sobre todo en la manera de cantar de Stina… que siempre acaba en tortazo. “Scumbag, sleaze, slime ball, grease, you really do disgust me!” Con permiso de la genial Archie, Marry Me de Alvvays, el estribillo del año.

(I’d Rather Be) Anywhere but Here se sitúa en la onda de Fall Forever, con ese aroma a lo Hole o Babes in Toyland —las dobles voces, el colchón sonoro de estática y espacio—, pero sin perder nunca de vista el pop. Todavía mejor es Bud, en la que el dúo utiliza la guitarra acústica y percusiones para centrarse en una melodía de factura sencilla pero colosales resultados. Y sin dejarnos respirar, su reverso ácido y furibundo. Killer Bangs es veneno puro inyectado en vena, punk-pop de imbatible y directa pegada. Chicas que usan las guitarras y la lengua como metralletas. Bang, bang, estás muerto.

Nos adentramos en terrenos más grunge, —hola de nuevo Courtney, bienvenida Kristin Hersh—, en la fantástica Biro, coronada con ese tremendo estribillo de aires noventeros —“All the pain you’ve been through will be the making of you”—. Tampoco le anda a la zaga Choker, y su tono ominoso y oscuro, donde digamos el tipejo infame de Super Rat vuelve a aparecer, ahora como parte de una atmósfera malsana con tintes góticos —parece que basada en el relato de Angela Carter La cámara sangrienta— y violencia. Comparte además reflexión verbal con el anterior tema —“What doesn’t kill you, makes you stronger”—. Miedito.

Sin abandonar los ambientes turbios, No Spare Key suena algo derivativa, más Best Coast al borde de la locura, conspiradora y consumida. Más tranquila y poppie resulta Joey, a la que quizá le falte un destello para destacar más allá de su lánguido y hermoso estribillo a dos voces. Puede que el arrebato guitarrero de los últimos veinte segundos fuera ese “algo más”, pero al quedar rápidamente difuminado con un fade out nos quedamos sin saber hasta donde podría haber llegado la pieza. En cambio, Fortune Cookie sí da en la diana. Otro perfecto pildorazo pop, ahora escondido en un ligero aroma a americana que se transforma en una contagiosa canción incandescente. ¿Pero cómo se lo hacen para sacarse esos estribillos de la manga?

All Dragged Up se presenta a continuación como la hermana de Killer Bangs. Un estribillo imparable hecho para corear que parecería sacado de la cabeza de Phil Spector —eco, muro de sonido— hasta que te das cuenta que el tema lo dirigen guitarras sucias y toneladas de reverb, y el grito es más bien otra vitriólica declaración, que en vez de en boca de una Ronette saldría escupido por Kathleen Hanna. —“Why don’t you just grow up!”— suelta Stina Marie, y el oyente sabe que se han ahorrado el “gilipollas” final.

Cierra el álbum Braidburn Valley, reposada y melosa, con un aire country que, afortunadamente esconde bastante más a partir de los dos minutos, una última descarga de rabia, ahora más bien un lamento dirigido a ella misma —“another fucking bruise”—, como coleccionista de malas experiencias sentimentales, para desvanecerse, modesta pero amenazadoramente, poco después. Y en apenas un suspiro nos encontrarnos con la hermosa Blink, Now You’ve Missed It, bonus track que no llega a los dos minutos donde Stina nos regala una directa balada a lomos de los acordes de un piano, que parece, ahora sí, un final… a tanto capullo y experiencias para olvidar.

El debut de Honeyblood posee una de las concentraciones de temazos más altas del 2014. También de mala leche. Así que es doblemente indispensable. Avisados estáis.

 

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