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Hippo Campus, “Landmark” (PIAS, 2017)

Autor: | @sergiomiro

Desde su imagen hasta su propio nombre de guerra (tanto el de la banda, como el que adoptan cada uno de ellos sobre el escenario: Stitches, Beans, Espo y Turtan), estos cuatro jovenzuelos de Minnesota parecen haber recuperado una tendencia que ya dábamos por muerta desde que Vampire Weekend empezaron a “madurar”: la de los ligeramente traviesos universitarios que pueden resultarte adorables o insoportablemente listillos, según el momento en que te pillen.

Justamente es con Vampire Weekend con quien más les han comparado hasta ahora, sobre todo por los frescos y muy poperos africanismos que reinaban en sus primeros EP´s. El primero de ellos, de hecho, contaba con un padrino de excepción, en teoría totalmente alejado del mundo musical y social de la banda: su paisano Alan Sparhawk, de Low.

En teoría, Sparhawk hizo simplemente de supervisor para garantizar que la banda emulase lo que era su directo en la época. No iba muy mal de instinto, ya que al irse él y al entrar la banda con ganas de comerse el estudio de cara a la grabación del debut que ahora llega a nuestras manos, se ha ganado mucha complejidad en arreglos y en texturas, pero se ha perdido gran parte del encanto que queríamos adivinar en aquellas primeras grabaciones. También se han disuelto los africanismos presentes sobre todo en las guitarras, con lo cual por mucho que triunfen Hippo Campus a nivel global, esa moda (que tanto bueno y tanto malo nos trajo) no parece que amenace con resurgir de manera inmediata a través de ellos.

Lo que queda de Hippo Campus en 2017 es una máquina de pop prístino que aspira a ser una versión 2.0 del indie mainstream tal cual lo asentaron bandas como Bombay Bicycle Club o Two Door Cinema Club. El cantante, Jake Luppen, le echa morro a sus interpretaciones y la banda lo respalda con interpretaciones que, de tan precisas y calculadas, a veces nos dejan un poco fríos. No les faltan estribillos pegajosos en estructuras diseñadas para clavárnoslos en la memoria, pero para ser una banda tan joven, rara vez dejan que salten las chispas adecuadas. De hecho, tan sólo en el single ‘Boyish’ se dejan llevar por la espontaneidad de un buen ritmo frenético y por melodías de las que quedan mejor si se gritan entre varios cientos o miles de personas.

Basta con recordar el primer disco de Foals, por ejemplo, para tener presente que incluso las bandas destinadas a ser cabeza de cartel en los festivales necesitan ajustar su punto de mira antes de asentarse. Puede que el futuro aún les pertenezca, pero “Landmark suena de momento a un tiro ligeramente desviado, por meritorio que sea.

Valoración: 6

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