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Hibernales, “Tu casa, mi casa” (El Genio Equivocado, 2017)

Autor: | @sergiomiro

Alguien tenía que salvarnos de Bertín Osborne. No podíamos permitirnos que lo hogareño, la hospitalidad y la idea de hacer de la casa un punto de encuentro y de confluencia de ideas y sentimientos pasasen a ser patrimonio eterno del cuñadismo ibérico. Seguramente sin pretenderlo, Hibernales nos han sacado de ese infierno al que parecíamos abocados; y lo han hecho con una de esas canciones que marcan época y carrera: Tu casa es mi casa es hirientemente bella, y despliega sus encantos de forma pausada, culminando memorablemente con el listado de acciones de los estribillos finales, que reconfortan a la vez que nos invitan a soñar con lo que quizás ya tenemos: “Salir por ahí, ir a cenar, mojarte los pies con la manguera… / Soñar con viajar o con el día en que por fin no haya que trabajar. Ver una serie y luego otra. Cocinar para ti, poder pensar en mí… /Coger la púa guitarra en mano y simplemente cantarte algo”.

Pocas composiciones han sabido convertir algo tan cercano en emocionante y poético (a priori solo se me ocurre el “Si te quedas, habrá preliminares hasta para fregar, tendrás pescado fresco incluo los lunes” del De ti sin mi de Delafé y las Flores Azules). Hibernales optan sabiamente por vestir la pieza con el ropaje sonoro semi-acústico y delicado que requiere.

Hay que tener en cuenta que la formación es un proyecto casero ya desde su propio concepto, no sólo porque tanto este disco de confirmación como su debut hayan sido grabados en un estudio cuidadosamente construido en las alturas de un cuarto de invitados, sino porque surge de la fuerza creativa e interpretativa de Eloy Bernal (quien también anda ofreciendo pop de altura casi simultáneamente en Neleonard) y su hermana Elisa. Entre la música de uno y las voces de la otra, esquivan cualquier clasificación, aunando referencias tan variadas en lo conceptual y lo geográfico como el indie de libro, el sonido Donosti o la psicodelia electronica de Broadcast o Stereolab. Incluso, oculta entre las máquinas, podemos adivinar la influencia del folklore tradicional peninsular, como si de una versión digital de los logros recientes de Lorena Álvarez se tratase.

De ahí, que el mencionado temazo de apertura sea sólo el principio. Apenas lo dejamos atrás, tenemos que prepararnos para otros mundos mucho más complejos y experimentales. Eso sí, por mucho que los sintetizadores roboticen el sonido (llegando a veces a sabotear alguna melodía, como en el motivo principal de Gente normal rara de encontrar), la humanidad gana siempre la batalla y ancla nuestras empatías en cada uno de los variados pasajes.

Las 13 canciones (14 si contamos con Delay, el evocador “bonus track”) se pasan casi como un suspiro, como una buena velada en una de esas casas ajenas que, al final del día, casi acabamos sintiendo como nuestra.

Valoración: 8

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