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Hans Laguna, Deletrea (El Genio Equivocado, 2014)

Autor: | @sergiomiro

HansLagunaDeletrea

Algún que otro aviso nos había llegado. Tras darnos una sorpresa agradable con su debut (Primeras marcas, 2014), Hans Laguna nos sorprendía con un requiebro creativo en el experimental Oteiza (2013), disco conceptual en torno al escultor Jorge Oteiza.

Cabía sospechar que no estábamos ante un artista más al que podíamos encajar indolentemente en el panorama indie patrio, por más que aquel primer disco nos dejase alguna pieza como Final feliz o La edad media, con todos los ingredientes para convertirse en pequeños himnos de nuestra escena. No en vano, eran canciones que convivían con citas a Kafka (Aforismo), con bellos diálogos entre melodía y ruidismo (Cuidarse la piel), o con singulares apropiaciones de algunos preceptos del krautrock (Cuidarse la piel).

Una vez expuestas sus cartas más atrevidas sobre la mesa, ¿hacia dónde se dirigiría Laguna en su siguiente trabajo, el de su regreso al formato canción? La respuesta es Deletrea, un disco de canciones, sí, pero de canciones ajenas a cualquier tipo de ataduras sonoras o de formato.

Que nadie se asuste: si hay algo que cabe destacar de este nuevo paso (¿definitivo?) de Laguna, es su capacidad para saltarse normas y para experimentar sin por ello perder la capacidad de comunicarse con el oyente y apelar a sus emociones más profundas. Esto es pop, solo que no se nos presenta de la manera habitual.

Se trata de una gran producción, a cargo de Cristian Palejá, Ferran Resines y el propio Laguna.  Los ritmos se han ralentizado, la música juega a la seducción y permite que cada instrumento ocupe educadamente su sitio convirtiendo de paso a los espacios en blanco en un elemento más entre sonoridades como el banjo, el vibráfono o percusiones misteriosas (como las que sujetan Clasificación general).

La guitarra no es ni mucho menos dejada de lado. De hecho, los hermosos arpegios de Laguna juegan papel fundamental en muchas de las canciones, y el uso del feedback alcanza categoría de arte a la hora de desarrollar canciones como Dos o tres y Mis días.

Y luego están las letras. Creo que ya toca ir consagrando a Hans como uno de los más filosóficos y a la vez poéticos de nuestros autores. Muchas de sus canciones están construidas en torno a una idea que luego es desarrollada con mensajes que no precisan esconderse en grandilocuentes fraseados ni en indescifrables simbolismos para dejar constancia de su calado.

Como muestra, nos vale el tema de apertura, la mencionada Dos o tres,  con sus paradojas sobre la cantidad de opciones que ofrece la sociedad de la información:  “Hay tantos sitios por conocer / casi mejor no saldré del hotel / Tantas camisas me puedo poner / que hoy vestiré la misma de ayer”.

O las reflexiones sobre el proceso de pérdida y sobre los lazos de dependencia  en La red: “Antes de ti parece que no había nada / pero no es verdad / antes me tenía a mí”.

O tantas y tantas otras frases memorables que nos deja el disco, amplificadas por un contexto sonoro siempre adecuado.

Lo que se dice importa, y mucho; no en vano se ha optado por anunciar algunos conciertos suyos con carteles que simplemente reproducen una de sus letras.

Todavía Hans Laguna es un pequeño gran secreto que vamos saboreando los que hemos tenido la suerte de toparnos con él. Lo suyo es que entre todos lo convirtiésemos en voz autorizada y respetada, como mínimo igual de importante que otros que llevan tiempo ocupando casi sin discusión el trono de nuestro indie.

Ya lo canta el propio Hans en Animal racional: “Hay una bestia dentro de mí / Todos los días quiere salir / nadie lo sabe pero es así”. Deletrea es el disco adecuado para liberar a la bestia y dejar que campe a sus anchas. El futuro está por escribir, o por deletrear.

 

 

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