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Haim, Days are gone (Polydor 2013)

Autor: | @sergiomiro

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A estas alturas, seguro que has leído ríos de tinta sobre estas tres hermanas de la costa oeste americana.  Probablemente leas estas líneas rendido ante la luminosidad pop de sus canciones, o por el contrario con cierto escudo para que no te terminen de vender la moto de que son lo más grande que le ha pasado a la cultura popular desde el Ecce Homo de Santa Cecilia.

Nosotros aprovechamos que hemos tenido tiempo para digerir bien el disco antes de escribir estas líneas e intentaremos aportar algo de perspectiva.

¿Qué son buenas? Pues sí; y alegra saber que a pesar del envoltorio cuidado y la campaña promocional, las chicas tienen ese grado de autenticidad que les garantiza el salvoconducto de aquellos que supuestamente disfruta con la “música de verdad” (ese mismo que tanto se cabreó cuando descubrió que Lana del Rey no era la frágil muñequita de indie lo-fi que aparentaba ser tras el grano Super 8 del clip de Video games).

Parece mentira, pero a pesar de ser tan monas, de salir tan bien en los selfies de instagram, y de haber agraciado las listas de éxito con más de un estribillo pegadizo, estas chicas son músicos de nivel que no solo componen todas sus elaboradas melodías (¿puede ser más perfecta la estrofa de Falling?), sino que además saben cantar y son capaces de hacerse cargo de gran parte de los instrumentos con la solvencia de cualquier mercenario de estudio.

Mucho antes de estar en las revistas y blogs de medio mundo, las chicas ya eran un secreto a voces en el circuito en directo angelino. Se han tomado su tiempo en pulir las canciones del disco, y puede que de ahí lo de titularlo “Los días se van”. El resultado de esa factura a fuego lento son once canciones sólidas como rocas. Tanto, que son capaces de dejar atrás algún viejo single como Better off (disponible en el CD extra de la edición especial), o de abrir fuego con sus tres canciones más conocidas (Fallin, Forever, The wire) sin que luego el ritmo del disco se resienta.

A las chicas las han querido vender como el último grito en esa moda ochentera que se resiste a desaparecer, y efectivamente, los guiños a esa década son constantes en la producción, aunque la potente base de graves de My song 5 (reforzada por un excelente riff de guitarra) delata que en los controles han contado también con algún que otro experto en sonidos contemporáneos.

También un poco diferente de la línea predominante del disco es mi tema preferido, Honey & I, que bien podría pasar por alguna joya perdida de Paul Simon.

Resumiendo, un buen disco de pop en el perfecto equilibrio entre la radiofórmula y la discoteca indie.

Hala, y hemos acabado la crítica sin mencionar Fleetwood Mac (¡Ups, lo acabamos de hacer!)

 

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