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El Guincho, Hiperasia (Everlasting/Canadá 2016)

Autor: | @sergiomiro

El_guincho_hiperasia

Me invade cierto complejo de culpa al estar elaborando la reseña del tercer larga duración de Pablo Díaz-Reixa a partir de un CD, una edición que podríamos llamar “de resignación” o “de consolación”. Cuenta Pablo que el lanzamiento de este trabajo tendría que venir en un formato atípico porque de poco le servía concentrar sus esfuerzos en un CD que ni él mismo compraría. ¡Qué le voy a hacer! Yo no molo tanto como Pablo, y he de asumir que no tengo intención alguna de ceñirme una pulsera y mucho menos acoplarme una sudadera-audio con el solo objetivo de escuchar un disco.

Quizás una de las lecciones aprendidas de este Hiperasia es que la mente de El Guincho va muy por delante de la gran mayoría de nosotros. Esto se puede aplicar al contenido, todo un bofetón de imaginación sonora y musical que en todo momento queda en riesgo de pasar por encima de nuestras parejas.

Mucho ha pasado en la vida de Díaz-Reixa desde su celebrado Pop Negro (2010): un regreso a su tierra canaria para cuidar de su madre enferma, finalización del contrato con la ultra-cool discográfica Young Turks, ruptura con su pareja, mudanza posterior a Madrid… Hasta cierto punto, ha corrido el riesgo de romper la buena carrerilla mediática e internacional acumulada a ritmo de vértigo con sus dos primeros álbumes, pero al menos usó el impass forzado para consolidarse como productor –para artistas como Extraperlo o Los Punsetes– y entrar en el olimpo de la electrónica tras ser seleccionado para remezclar a la mismísima Björk.

Su tercer disco iba a ser una bestia totalmente diferente a la que finalmente nos ha llegado, pero una visita a un gigantesco almacen de productos “de los chinos”, le inspiró lo suficiente como para tirar todo el trabajo previo y empezar de cero con la idea de plasmar el exceso, la exhuberancia y el caótico orden a base de acumulación pop que vio en ese lugar.

Para una cabeza como la de Díaz-Reixa, que ya tiene cierta tendencia hacia el camino musical más esquivo, dicho concepto de partida ha terminado por ser ciertamente peligroso. Hiperasia choca a la primera por su constante uso del corrector melódico del Melodyne (que no autotune, no se me confundan) en casi todas las voces, pero esto es un detalle al que uno se puede acostumbrar y que hasta le sienta bien a una voz que Díaz Reixa siempre ha jugado a ocultar, bien a base de acumular pistas de coros, o a base de enterrarla en la mezcla. Más problemática es la constante tendencia a sobrecargarnos de información, a llenar cada canción de arreglos infinitos y de requiebros melódicos y rítmicos. Así no hay quien baile un solo beat o recuerde una sola estrofa.

Dentro de la amalgama de tendencias acumuladas en el disco, llama la atención el carácter eminentemente urbano en actitud y formas, en contraste con el toque surrealista y tropicalista de sus obras anteriores. El Guincho, a quien ya andan definiéndole en alguna publicación sajona como “El Kanye Ibérico”, ensaya aquí algo muy parecido al “flow rapero” (evidenciado en su bien trenzado dueto con Mala Rodríguez en Comix) y al ego-trip siempre bañado, queremos creer, que de sana ironía (“siempre me largo con la guapa de fiesta / sé que te molesta ver cómo no me cuesta”, canta en la mencionada Comix, todo un desafío a los que, como suena en Zona Wi-Fi, no se pueden explicar “cómo llegó tan lejos este canario”).

Para los que escuchamos a El Guincho desde el contexto isleño, toca decir que esos guiños a sus raíces que siempre sabía colar en sus letras desde una sana abstracción nada costumbrista (títulos como Palmitos Park o Kalise son ejemplares), aquí se vuelven más directos, desinhibidos y hasta autobiográficos, con historias sobre hacer cola en el McDonald´s de Playa del Inglés, o confesiones sobre robos adolescentes “en las tiendas de electrónica del puerto”.

Como en un buen bazar de chinos, lo normal es que entre mucha cosa que no sirve para nada, vayamos a encontrar algo que nos haga gracia o que nos seduzca durante un tiempo, pero en el fondo sabemos que son objetos que pueden romperse en cualquier momento o que tardarán poco en quedar olvidados en un cajón. Ojalá que me equivoque, porque lo que no se me ocurriría nunca es dudar del apabullante talento de Díaz Reixa, por mucho que personalmente hubiese preferido que lo utilizase para indagar más profundamente en los caminos que abrió en sus dos primeros discos.

Valoración: 6,5

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