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Guadalupe Plata, Guadalupe Plata (Everlasting 2015)

Autor: | @sergiomiro

guadalupe_plata_2015

No, esta vez tampoco los de Úbeda se han molestado en titular su disco. Ya van cuatro, y los cuatro homónimos. Siguen sin verle sentido a personificar con un bautizo lo que ellos entienden que es simplemente una nueva agrupación de canciones en las que ahondan en su particular blues chatarrero.

Esa divertida cabezonería es una peculiaridad más de un mundo en el que llevan desde el principio que las cosas se hacen como ellos quieren y no como se supone que se deben de hacer. Es así, derrochando personalidad, cómo han conseguido que a una banda española de blues (tan osado como una agrupación flamenca del Japón) se la escuche y reverencie en pleno Mississippi, cuna del género.

Así han legado a poder permitirse registrar este último trabajo con Liam Watson un auténtico grande a la hora de grabar sonidos crudos, auténticos y de aroma añejo (en los mismos estudios donde se grabó este Guadalupe Plata 2015, Watson registró un clásico contemporáneo como el Elephant de The White Stripes). En esa suciedad “tan limpia” y contundente encontramos uno de los mayores avances de este disco frente a la notoria y laureada discografía anterior de la banda.

Por lo demás, lo que cabe de esperar: sensación de directo, guitarras psicóticas, una base rítmica obsesiva y juguetona, y el menú ya clásico de boogie, blues, rock and roll y un ligero toque aflamencado. En las letras, seguimos con el mismo imaginario de callejón donde hay muerte, pactos con el diablo y una nutrida fauna de animales de poca monta, con especial protagonismo para los gatos y las serpientes. Justamente, ese gato que una vieja mató en la calle 24, se ajustaba tanto al ideario de Guadalupe Plata, que ha salido de sus confines como oscura sonata infantil, para convertirse en uno de los nuevos emblemas musicales del grupo.

Si Tarantino y Robert Rodriguez hubiesen situado el Titty Twister en algún bareto de carretera española, seguro que serían Guadalupe Plata los encargados de poner banda sonora a los bailes de Salma Hayek y a los desfases vampíricos. Mientras algo así no pasa, aprovechemos para ser nosotros los que desfasemos a su son.

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