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Grushenka, La insoportable levedad del ser (El Genio Equivocado, 2015)

Autor:  | Google+ | @curtillo

GRUSHENKA INSOPORTABLE

Da gusto ver lo claro que lo tienen Grushenka y lo bien que han plasmado en su nuevo trabajo el pequeño cambio de dirección que ya se vislumbraba en sus últimos singles. Los de Barcelona han ido dejando de lado la distorsión para abrazar, sin miedo alguno, las guitarras limpias y los teclados. “La insoportable levedad del ser”, su segundo trabajo, los confirma como uno de los grupos nacionales más interesantes del momento.

Con una producción clara, obra de ellos mismos, el segundo largo de Grushenka funciona por su sencillez y su cercanía, que arropan unas canciones que no necesitan florituras para llegar muy lejos. Como ejemplo están ‘Nueva era existencial’ y ‘La insoportable levedad del ser’, dos canciones de más de seis minutos en las que se van hacia un pop ensoñador sencillo, pero muy efectivo. En la primera se atreven a dar el protagonismo a unos instrumentos de cuerda, dejando claro que pueden ir mucho más allá del noise-pop de guitarras sucias; y en ‘La procesión va por dentro’ sucede lo mismo: la acústica es la que lleva la voz cantante.

Aunque han rebajado el nivel de distorsión, no se han olvidado de cómo se fabrica un buen hit. Es más, van sobrados de ellos. Ahí están ‘Maltratarse y asustarse’ y ‘Viaje lisérgico’, que llenan los primeros minutos del disco de guitarras cristalinas y teclados atmosféricos, acompañados por unas baterías que incitan a mover los pies. La muy pop ‘Bipolaridad’ y la muy jangly No queremos verte más’ son otros dos cortes que enganchan a la primera. También hay algún tema para los que echan de menos a los Grushenka más cercanos al C-86. Es el caso de ‘El eterno retorno’, el corte más potente del álbum. En él no dejan el pop de lado (incluso meten unos coros cercanos a los Beach Boys), pero sí se ponen un poco más desenfadados. Por si había alguna duda, todavía les sigue funcionando.

Si hay dos canciones que demuestran la madurez que ha alcanzado la música de Grushenka en los últimos años, esas son ‘La belleza interior’ y ‘Un mundo feliz’, que a su vez son lo mejor de estos 45 minutos de buena música. En la primera se van a Bristol, al sello Sarah Records, y nos dejan un precioso corte que tiene mucho de esas preciosas canciones de dream-pop que fabricaban The Field Mice hace un cuarto de siglo. En la segunda se van a Manchester, concretamente a los New Order más ensoñadores. Es un corte que va subiendo de intensidad y te va atrapando poco a poco con esos teclados que lo empapan todo, y ese ritmo de batería entrecortado que le viene como anillo al dedo. Con ella cierran el disco de una forma inmejorable, y nos dejan con ganas de mucho más.

Grushenka han pegado el estirón, y lo han hecho para bien, dejando de lado su predilección por las guitarras ruidosas, pero ganando en intensidad y en belleza.

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