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Grass House, A Sun Full and Drowning (Marshall Teller Records, 2013)

Autor:  | Google+ | @curtillo

grass house

¿Qué sale si metemos en una coctelera a Bon Iver, The National y el primer Leonard Cohen? Pues que nos encontramos con “A Sun Full and Drowning”. El primer trabajo del grupo británico Grass House bebe de todas esas influencias americanas, y lo hace realmente bien. Han sacado un disco de debut de lo más interesante y fresco. No importa que la forma de cantar de Liam Palmer se asemeje demasiado a la del creador de Suzanne, porque saben llevar todo a su terreno. De hecho, están lejos de ser una mera copia de todas estas bandas. Ahora solo les falta darse a conocer.

A Sun Full and Drowning” está producido por Jim Anderson, que ha estado a los mandos de algunos discos de The Twilight Sad o de aquel debut de 2:54. Y se nota en ese sonido crudo de aquellos trabajo (quizá por eso también los comparan con los primeros The Walkmen – y porque también tienen esos arranques de guitarras limpias que entran de repente–). Un claro ejemplo de esto es The Colours in the Light May Obscure, donde se dejan llevar por la intensidad que sacan de sus cuerdas. El subidón final, que no llega a explotar, es una auténtica maravilla. Algo parecido nos encontramos en Spinning As We Turn y en Of Haste and Art, los dos temas que abren el disco de una manera envidiable. También resulta envidiable su capacidad para hacer sencillos redondos sin la necesidad de caer en los tópicos de siempre. Ahí está I Was Streetlight, que es un tema de esos que se te queda en la cabeza a la primera escucha. Sus guitarras claras y su estribillo funcionan a la perfección. Algo que también ocurre en Faun, el otro “hit” del disco.

Sí es cierto que el disco no es perfecto, y en el tramo final fallan un poco. Tasteless But Taciturn les ha quedado un tanto pesada y, aunque se salva un poco al final, es de las más flojas del álbum. Solo la supera Avocado Eyes, donde sacan a relucir su influencia (confesada) de Captain Beefheart, y nos dejan un tema tremendamente aburrido. Afortunadamente, entre medias de estas dos nos encontramos con A Thousand Generators, en la que vuelven a reincidir en las influencias de los primeros temas del disco y se sacan de la manga una canción cercana al post-rock, pero con un toque pop delicioso: una vez más se encienden al final del tema, que estalla en una tormenta de guitarras sobrecogedora.

Es una grata sorpresa ver que desde Reino Unido son capaces de llevar hacia adelante un disco como este, que poco tiene que ver con lo que se está haciendo últimamente en las islas. Lástima que no se esté hablando mucho de ellos.

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