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Gente Joven, Casa de Socorro (Acuarela 2015)

Autor: | @Forjanes_AS

Gente_joven_casa_de_socorro

“¡Qué bien sabe no existir!”, cantaba Sergio Algora con El Niño Gusano en uno de sus ejercicios de equilibrismo metafísico. Con los leoneses Gente Joven me pasa algo parecido. Me sobrevuela una contínua sensación de ausencia, una especie de melancolía indefinida sin motivo aparente. En su segundo largo, ‘Casa de Socorro’ (Acuarela), redondean su pop de viento calahuesos, ventana empañada y colacao hirviendo entre las manos. Una escena típica de otoño en León. O no. Nunca estuve.

Sonoramente es tan chinarresco (circa 1997-2000) que casi duele. De aquel Antonio Luque, maravilloso tríptico de acordes deliciosamente oscuros, pandemonios sintácticos y metáforas irrepetibles, poco queda en el actual, más florido y adocenado. También está esparcido aquí y allá el polen emocional del soplo en el corazón de Family (“eclipse de corazón”, en este caso). Un costumbrismo que juega grácilmente con elementos campestres (‘Radiografía de una centella’) y pasajes que embelesan. “Sabías reconocerme aunque mi doble fuese un alpinista sentado, al borde de un cornisa, sin poleas ni cabos…”. Saludan por la ventanilla a los The Cure desintegrados, brindan un shoegaze de picnic y desenfundan una insinuación minimalista de posibilidades infinitas con instrumental y breve (pero enorme) ‘Museo de Músculos Usados‘.

En estos tiempos de alegría forzada e impostada en Instagram, del bombardeo del ya y el ahora, qué bien sabe acurrucarse en un disco, tararear distraídamente y dejar la vida gravitar, si nos place.

 

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