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Flo Morrissey, Tomorrow will be beautiful (Glassnote 2015)

Autor: | @sergiomiro

flo_morrissey

Una canción y un vídeo casero bastaron para disparar a Flo Morrissey a la categoría de futuro hype a través de las redes. El hipnotizante devaneo de la composición en cuestión (Pages of gold), así como el ejercicio de natación vocal entre reverbs, y una imagen de neo-hippie entre inocente y seductora unieron los cables adecuados en la cabeza de los cool hunters musicales para anunciarnos la llegada de una nueva Lana Del Rey (como si la “vieja” ya fuese necesitando sustituta).

Finalmente, una degustación pausada del disco al completo de esta jovenzuela londinense nos indica que los tiros van por otro lado. Lo suyo tiene que ver más con el folk, no solamente con la oleada más reciente que nos puede venir a la cabeza (la tropa freak de Joanna Newsom y Devendra Banhart, con quienes curiosamente Flo comparte a Noah Georgeson como productor), sino sobre todo con un folk añejo, sentido y de raíces, con influencias como Karen Dalton, Vashti Bunyan, Sandy Denny o Linda Thompson.

Una de las cosas que sorprende de Flo en contraste con otras compañeras de generación, es el chorro de voz con el que en ocasiones ocupa casi todo el espectro sónico de sus canciones. Acostumbrados como estábamos al encanto “de duende mágico” de voces como las de Joanna Newsom, Samantha Crain, Tune-Yards o CocoRosie, impresiona recordar a través de Flo que hubo un tiempo en que el folk encabezado por féminas equivalía a poderosos gorgoritos y complejas piruetas vocales que nada tenían que ver con las que se desarrollaban en el soul (por mencionar otro género donde las voces son protagonistas).

Esa voz y algunos aciertos compositivos son de lo mejorcito de un disco que abusa de carácter etéreo y de raquitismo melódico. Ninguna canción supera en impacto a la mencionada Pages of gold ni a If you can´t love this all goes away, que ya se conocían antes de que se publicase este Tomorrow will be beautiful. En ese sentido, se podría hablar de ligera decepción, aunque la impresión general es la de estar ante una artista que tiene claro el sonido al que apunta, y que lo ejecuta con una madurez nada correlativa a sus 20 años de edad.

 

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