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Flamaradas, “Flamaradas” (El Genio Equivocado, 2017)

Autor: | @sergiomiro

El tercer trabajo del proyecto de Daniel Magallón (cuarto, si contamos el maravilloso EP “Flamaradas al Prat, igualmente esencial para entender la construcción del discurso de este autor, a pesar de su brevedad) parece tener algo de salto definitivo. Es ahora cuando muchos medios y aficionados con olfato se empiezan a fijar en él (sin desdeñar a los que, ejem, ya hace tiempo que cantamos sus proezas), y ha sido habitual verlo incluido en las más exquisitas listas de mejores álbumes nacionales del año que acabamos de dejar atrás.

El propio Magallón pone por delante que esta vez tocaba dar el todo por el todo, y que, con ayuda, guía y consejo de su equipo de producción (Ferrán Resines y Cristian Pallejà), se han currado tanto las cosas que esta vez hasta han ensayado. Y no es que lo anterior no fuera tomado en serio, pero es cierto que, sin perder una naturalidad que parece formar parte de la personalidad de Flamaradas, este nuevo disco lima asperezas y no deja detalle al azar.

Además, está lo del título homónimo, una maniobra de reafirmación que para muchos grupos suele significar un cambio radical de rumbo o como mínimo la consecución final del estilo con el que realmente se identifican. Yo diría que en Flamaradas no se produce ni una cosa ni la otra, ya que si algo llamaba la atención del trabajo pasado era lo maduro, bien formado y absolutamente personal que se presentó desde el principio.

Aquí nos volvemos a encontrar con una fusión natural de estilos e influencias diversas, que al oyente casual llaman más la atención cuanto más se alejan de referentes sajones y rockeros (que los hay) y cuanto más evidencian querencias atípicas como la canción de autor española, el pop de gasolinera, o la música tradicional ibérica y sudamericana.

A pesar de ser un proyecto que lleva marcado en cada compás el carácter de su líder, a éste le acompaña una banda bastante asentada cuyas aportaciones conforman el mapeado ideal para que todas estas ideas no se pierdan por sendas equivocadas. Vuelven esos coros femeninos que dan contrapunto a la profunda voz de Magallón, y ambientes en perpetuo equilibrio entre lo acústico y lo fantasmagórico. El farfisa que tantas alegrías nos dio en ‘Pasaje entre las cañas’ vuelve a hacer acto de presencia, aunque de una manera más discreta, dando por finiquitadas, eso sí, las especias psicodélicas y yeyé del pasado.

Las canciones, no nos engañemos, siguen reclamando su protagonismo por encima de un envoltorio tan llamativo y personal. Y una vez más nos encontramos con esas imágenes aparentemente surrealistas pero cargadas de verdad, esas canciones territoriales que siguen tomando apuntes de paisaje y memoria pero que, esta vez, también miran con más intensidad al interior para narrar sentimientos e inquietudes personales.

Ahora, si hablamos de parecidos y diferencias, el arma secreta de “Flamaradases el tema de cierre, ‘La Vía Láctea Descansa’, un torbellino sonoro sustentado en un loop distorsionado que confirma a Magallón como un sacerdote al frente de algo parecido a los New Seeds más inquietantes.

Coincidiendo con la feliz consagración de Josele Santiago en solitario gracias al aplauso unánime a su “Transilvania, se me antoja que Flamaradas podría ser un compañero de viaje para conformar la nueva realeza de un folk-rock hispano que no permite ser comparado más que consigo mismo.

Valoración: 8

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