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FKA Twigs, LP1 (Young Turks 2014)

Autor: | @sergiomiro

FKA_TWIGS_cover

Que no le dieran el Mercury Prize a este debut de FKA Twigs ha sido uno de los fiascos del año. Todos los pronósticos apuntaban a ella, y el hecho de que finalmente los ganadores fueran unos desconocidos Young Fathers hace pensar que el jurado quiso pasarse de hipster y escoger lo contrario de lo que se esperaba de ellos (aunque a pocos le importe, no puedo callarme que yo habría estado encantado de la vida si el premio hubiese recaído en Nick Mulvey).

El hecho es que justo mientras medio mundillo se llevaba las manos a la cabeza por este “fallido fallo”, servidor caía en la cuenta de que en la sección de discos de Indienauta no nos habíamos pronunciado aún sobre LP1. Para que este mes no todo sean decepciones para ella y sus seguidores, aquí estamos para enmendarnos, pidiendo disculpas por la tardanza.

Ya en el pasado Primavera Sound, pudimos verla congregando a un buen número de fieles, de esos que están encantados de estar lo suficientemente al día como para estar allí aplaudiendo a alguien que ni siquiera había publicado su primer disco. Claro que por aquel entonces le avalaban dos fantásticos EPs que garantizaban sobradamente un puesto en el escenario Pitchfork.. LP1 desarrolla lo expuesto en aquellos EPs, sin necesidad de recurrir a ninguna de las canciones ya publicadas (¿Para qué, si las nuevas son mejores?).

Sabemos que FKA Twigs responde al nombre real de Tahliah Barnett, una joven británica de raíces jamaicanas que ya había hecho buen uso de sus dotes de bailarina y de su imponente físico en vídeos de figuras como Ed Sheeran o Kylie Minogue. La experiencia queda reflejada en la canción Video Girl, un ejemplo perfecto de por dónde se mueve el discurso de este disco: por temática y por cierta actitud en sus melodías, la canción podría haber seguido el camino de muchos hits de pop y de EDM actual, pero en lugar de eso, se desenvuelve entre infinidad de ambientes misteriosos y con un ritmo que se acelera y se ralentiza con la misma elasticidad que Barnett aplica a sus bailes sobre el escenario.

La chica tiene madera de estrella del pop 2.0, pero materializa su visión musical de una manera absolutamente única y atrevida, dejando en evidencia a casi todas las nuevas divas más celebradas y exitosas. Al lado de ella, Jessie Ware, y hasta la rebelde Lorde parecen simplonas, ya que cuesta encontrar referentes similares a lo que ella hace con sus bases instrumentales o con su voz (esos rangos amplios que encima se convierten en infinitos gracias los efectos que le añaden o le restan tonalidades a lo bestia). No sabemos si realmente lo que estamos escuchando es una versión postmoderna del trip-hop, o si es R´n´B transgresor, o si incluso algunas canciones podrían tener su genoma en las baladas sensuales de Prince, pero desprovistas de todo aquello que hoy en día podría resultarnos irritante del de Minneapolis (esto resulta especialmente evidente en Lights On).

Y todo eso, ideado y realizado en su mayor parte por la propia Barnett (pese a contar con ayuda externa de gente tan notoria como Arca, Dev Hynes o Paul Epworth), una triunfadora en toda regla, incluso aunque no tenga el Mercury en el bote.

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