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Fanfarlo “Rooms filled with light” (Atlantic-Warner 2012)

Autor: | @indienauta

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Costaba tomarse realmente en serio a Fanfarlo. Y no es que su debut andase corto de calidad, ni mucho menos, pero nos llegó en un momento en el que estábamos aprendiendo a querer a una serie de artistas como Arcade Fire, Sufjan Stevens, Clap Your Hands Say Yeah, o Beirut, cada uno de ellos poseedor de magnéticas personalidades que nos ayudaban a distinguirlos del resto. Mientras tanto, la música que destilaban Fanfarlo en Reservoir (2009) parecía una calulada combinación de los artistas antes citados. Y claro, el que llega el último, en esto de las tendencias, tiene que hacer frente al peaje de la falta de credibilidad.



Sucede que Fanfarlo eran demasiado buenos como para conformarse con ese puesto de "copiones con clase". A medida que sus canciones siguieron cruzándose en nuestro camino -a través de bandas sonoras, o campañas publicitarias varias- nos dimos cuenta de lo condenadamente adictivas que eran. E incluso tuvimos que contener nuestras emociones para que ningún "guadián del templo cool" viera cómo se nos iban los pies tras algunos de sus himnos. Encima, para ir zanjando discusiones, los miembros del grupo acusaron a la crítica musical de no haber acertado en absoluto con las comparaciones ya mencionadas, que a ellos esos artistas no les habían influenciado (servidor, por una vez, se mantiene cabezota en sostener que es inevitable pensar en cada uno de esos artistas al escuchar las canciones de Reservoir).

Pero el movimiento decisivo que necesitaban para entrar en la liga superior y superar prejuicios lo han dado con este segundo trabajo, compuesto por doce canciones que son auténticos planetas sonoros independientes, alejándose del sonido de neo-folk que les dio a conocer y entrando con elegancia en el mundo de los sintetizadores, los rítmos programados y las alusiones a la new wave, al dub y al sonido ochentero, pero desde una perspectiva muy de este milenio. El resultado es un pop de cámara ilustrado, cuya factura queda reservada para musicos de mucha formación y entrenamiento, y ligeramente deshumanizado respecto lo que hacían antes (esta observación no ha de verse como algo negativo, sino como la constatación de que al oyente le va a costar imaginar que la vastísima colección de sonidos que sale ordenadamente de sus altavoces está siendo producida por un grupo definido de personas con sus instrumentos), en un salto artístico que puede recordar al que dieron Vampire Weekend entre su primer disco y el segundo.

Por si, a estas alturas, quedaba alguna ceja levantada, cabe recordar que el supervisor de todo lo que suena en este Rooms filled with light ha sido Ben H. Allen, el mismo que también estuvo tras los controles en ese tótem intocable del indie contemporáneo llamado Merryweather post pavillion (2009). Pues eso, ¡sin rechistar!

En gira:

jue 24 may en Burgos - El Hangar
vie 25 may en Valencia - Mirror
sáb 26 may en Palma de Mallorca - Cultura Club

 

 

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