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Fanfarlo, “Let’s Go Extinct” (New World Records, 2014)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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Siempre he pensado que Fanfarlo perdieron su oportunidad de hacerse grandes en 2007, cuando sacaron Fire Escape, la que sigue siendo su mejor canción. En aquellos días estaban en boca de todos, incluso de David Bowie, que habló muy bien de ellos, pero no supieron aprovechar el momento. Tardaron más de dos años en sacar su álbum de debut y, para colmo, el resto de los temas que lo formaban no estaban a la altura de su gran canción. Tras él, volvieron a tardar una eternidad en sacar su segundo trabajo, que era incluso más flojo que el primero. Por eso mismo, no es de extrañar que este tercer álbum no haya levantado mucha expectación. Lo mejor de toda esta historia es que ahora, cuando nadie espera nada de ellos, es cuando dan lo mejor de sí. Let’s Go Extinct es, con diferencia, su disco más interesante.

Dice Simon Balthazar, el líder de la banda, que este es su trabajo más enérgico, y no le falta razón. Gracias a ello podemos acabar el disco sin bostezar cada cinco o diez minutos –como ocurría con su anterior trabajo–, y también han conseguido que algunas de las canciones de Let’s Go Excinct suenen a ellos mismos –parece que por fin dejamos de escuchar un millón de grupos diferentes en sus canciones–. Se han preocupado de hacer un disco de pop sencillo y se han dado cuenta de que no es necesario sonar épico cada segundo, o meter cuarenta instrumentos en cada canción (algo de esto hay, pero están mucho más comedidos).

Los Fanfarlo de 2014 prefieren hacer canciones desenfadas, de las que no necesitan nada más que un buen estribillo (una vez más, hay que recordar que Fire Escape es su mejor composición). Un claro ejemplo es Landlocked, el estupendo single que sacaron hace unas semanas y que nadie se ha preocupado en escuchar. Es un gran tema de pop en el que se olvidan del rollo barroco con el que daban la tabarra y se marcan una canción para bailar –aunque el rollito caribeño no ha sido muy buena idea–. Otro buen ejemplo es A Distance, en la que deciden que ellos también tienen derecho a tirar de los ochenta (casi parecen Shout Out Louds), y no lo hacen ni mejor ni peor que los millones de grupos que han rescatado esa década. De hecho, en We’re the Future se van hacia un synth-pop oscuro que no les sienta nada mal.

Tampoco os penséis que ahora se han convertido en un grupo excepcional, porque en el segundo tramo del disco se olvidan de la energía y empieza a salir la irregularidad que siempre les ha caracterizado. Por destacar algo de este parte, se puede hablar de Painting With Life, en la que se creen The Divine Comedy y, aunque se pasan de vueltas al final, nos dejan un tema que no está nada mal –vuelven a cometer el fallo de meter mil instrumentos–. Más interesante es The Grey and Gold, en la que regresan a la década de los ochenta y parecen unos nuevos románticos. Pero, por desgracia, terminan con dos canciones más largas, y más aburridas, que un día sin pan.

No es un trabajo excelente, pero Fanfarlo han mejorado mucho. Solo por eso, merece la pena darle una oportunidad a este disco. ¡Qué nos os de pereza!

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