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Extraperlo “Delirio Específico” (Canadá 2012)

Autor: | @indienauta

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Hace tres o cuatro años, aceptábamos encantados todo lo que viniera revestido de tropicalismo o de pop vía África, máxime si encima se le añadía un toque desinhibidamente ochentero, (la década que más años ha estado de moda, y que aún resiste a disolverse, muy a pesar de alguno de nosotros). Todos esos factores empujaron para que el debut de Extraperlo (Desayuno continental, 2009) fuera celebrado y bailado por toda una tropa de indies que creyeron ver en Bañadores la perfecta respuesta “gafapasta” a las tonadillas estivales de Georgie Dann.


Pero a Extraperlo le faltaba un plus de calidad que elevase su propuesta a algo más que una gracieta pasajera. De ahí que haya que aplaudir el mimo y el tiempo que le han otorgado al “difícil segundo disco”. Delirio específico es un trabajo que, en cuanto a evolución estructural y sonora viene a representar el mismo salto que el Guincho dio entre Alegranza (2008) y Pop negro (2010).

Precisamente es El Guincho –Pablo Díaz-Reixa- quien se ha encargado de la producción, trasladando a las canciones de este cuarteto barcelonés todas sus obsesiones por la alta fidelidad y por los trucos de producción elaborados –sí, otra vez- en los 80 (recordemos que Díaz-Reixa es de los pocos artistas contemporáneos a los que se ha escuchado reivindicar con orgullo las producciones de Paca Trinidad para gente como Luz Casal). Su sonido, así como unos laberínticos ritmos que también vienen firmados por él, son la puerta de entrada para que este Delirio especifico  juegue cartas propias de la primera división. Pero hay más, mucho más: la voz de Borja Rosal ha pasado de parecer controvertida e irritante, a ser personal y parte integrada en el manto musical que la rodea; las guitarras brillan tanto que uno a veces teme quedar cegado por el destello; el bajo hace buen uso de la máxima del funky de que el silencio y los huecos son elementos que han de ser usados a favor; y los teclados consiguen la extraña proeza de remitir a décadas pasadas sin caer en el horterismo innecesario.

Por supuesto, nada de esto tendría sentido si las canciones no acompañaran, y entre las nueve aquí incluidas hay varias que tienen lo que hay que tener. Modelos blandos, Fina vanidad, Ardiente figura, podrían ser hits en potencia, si sus letras hubiesen optado por la banalidad en lugar de por sugerir con palabras, y aunque a veces les juegue una mala pasada la homogeneidad que parecen haber perseguido de manera consciente (Cuando acaba Fina vanidad y empieza Fieras, parece que estamos escuchando una evolución de la misma canción), la sensación que nos queda es que -ahora sí- podemos tener en cuenta a Extraperlo a la hora de contabilizar los mayores valores patrios en esto de la música independiente. 

 

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