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Ethan Johns, Silver Liner (Caroline 2015)

Autor: | @sergiomiro

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Parece que Ethan Johns se está tomando en serio su carrera musical como artista. Su vida ya la tiene suficientemente resuelta desde hace años, como consolidado productor al que estrellas de todo tipo acuden en busca de un sonido crudo, auténtico y excitante (como puede comprobarse en sus trabajos para gente como Laura Marling, Ryan Adams, The Jayhawks, Kings of Leon, o la recuperación artística de Tom Jones, comparable a la que en su día llevó a cabo Rick Rubin con Johnny Cash). Digamos que ya ni siquiera le pesaba la alargada sombra de su padre, Glyn Johns, afamado ingeniero de todos los grandes de los 60 y 70.

Lo que pareció un pequeño capricho de desahogo con la publicación de su debut solista If not now then when? (2012), se ha convertido en una sana rutina que ahora termina de consolidarse a lo grande con su tercer disco, Silver liner.

La novedad aquí es el peso que se le ha querido dar a la banda de acompañamiento, The Black Eyed Dogs, consiguiendo con ello un sonido mucho más completo e interpretaciones más implicadas y personales que las que caracterizaban sus austeros trabajos anteriores.

Así, la cosa se abre con la tremenda Silver liner, un medio tiempo que combina rasguero acústico e intensos arrebatos de electricidad guitarrera, llevando a buen puerto las mejores enseñanzas del Neil Young de la época de Harvest (1972), incluyendo unos coros de Gillian Welch haciendo las veces de Linda Ronstadt o de Emmylou Harris.

Es una dinámica que se repite varias veces a lo largo del disco, sobre todo en los cortes más extensos, Open your window y Six and nine, ambos en torno a los 8 minutos de duración. Son grandes momentos en lo musical, con Johns y su banda luciendo una importante enciclopedia musical a las espaldas, si bien las letras no llegan a tener el poderío que se le exigiría a quien decide apoyarse en tantas estrofas.

El resto del material es lo suficientemente variado como para sostener nuestra atención, ya sea desde el country-rock de libro de The sun hardly rises, el punto fronterizo de Juanita o una It won´t alwas be this way que podría pasar por balada de Randy Newman.

Johns, cuya voz va ganando seguridad y profundidad en cada paso, anda tan metido en el rol de artista que incluso ha cedido las labores de ingeniería y producción al batería Jeremy Stacey, siguiendo la máxima de que aquí prefiere centrarse en el disfrute meramente musical, que para la otro ya está su (lucrativo) trabajo habitual.

 

Valoración: 7'2

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