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Enric Montefusco, “Meridiana” (Buena Suerte/Sony, 2016)

Autor: | @sergiomiro

No se ha dormido Enric Montefusco en los laureles de Standstill después de la disolución de la ya mítica banda catalana. Un año después de darse a conocer la triste noticia, ya tenemos entre manos el debut de su voz cantante. Se agradece, porque, con grupo o en solitario, la de Montefusco es una personalidad bastante irremplazable. Y su sello queda evidente desde que echa andar el tema de apertura, que da título al disco, con ese crescendo sustentado en un intenso arreglo de cuerda (no muy lejano de los de otro de los temas más celebrados de este 2016 que dejamos atrás, el Burn the Witch de Radiohead).

Meridiana -la canción y, en gran parte, el disco- nos sitúa justo en ese lugar (“La avenida más grande de Europa añadía coches a su sinfonía”) para jugar con la memoria, con los sonidos y los aromas del barrio.  Quizás, la canción que personifica esto de una manera más obvia sea Flauta Man, cuya letra es un notorio listado de agradecimientos por aquellos elementos que Montefusco considera cruciales en la construcción de los primeros años, desde las clases de flauta de la escuela, hasta la sintonía de las Mama Chicho o, como no, el “gol en Las Gaunas”. La composición es una maravilla, que a mí me recuerda, como muchas otras construcciones melódicas de Montefusco, a la melancolía demoledora de Neil Hannon, sobre todo en aquel infravalorado Regeneration (2001). Lástima de ese final que juega con el pitch de los estribillos, una muy original manera de sabotear la carrerilla emocional del tema.

A estas alturas, tampoco vamos a destapar los méritos de la fantástica Todo para todos, otra de listados, en esta ocasión de buenos deseos. La manera en que cada frase nos descubre alicientes vitales sobre los que a veces no habíamos ni reparado, pero que al mismo tiempo nos resultan tan cercanos, es uno de los grandes valores de nuestro hombre.

Igualmente destacable es la lúgubre Uno de nosotros, sobre la imposibilidad de tapar nuestras trazas sociales (“Hagas lo que hagas, vistas como vistas, siempre serás uno de nosotros”); o sendas narraciones sobre un local nocturno (Buenas noches) y un bar de día (Obra maestra)

La infancia y lo cotidiano no eran elementos ajenos a la obra de Montefusco con su ex banda, pero nunca nos había llegado de una manera tan directa y descarnada, y con el refuerzo que le aporta el haber abrazado sin tapujos la canción tradicional, tanto en sus melodías y estructuras, como en sus sonoridades (a veces de manera casi purista, como en el vals El riu de l´oblit, única pieza interpretada en catalán). Así, casi no hay baterías, y las guitarras eléctricas brillan por su ausencia, , dejando hueco para que sean mandolinas, acordeones, guitarras españolas y percusiones varias las que construyan momentos tan intensos como los de cualquier obra rockera al uso.

Valoración: 8

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