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Eli Paperboy Reed, Nights like this (Warner 2014)

Autor: | @sergiomiro

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No nos engañemos, por mucho que nos puedan gustar algunos de los más notables representantes del revival del soul clásico, su alcance está lejos del necesario para proclamarles verdaderas super-estrellas. Preguntemos a nuestro tendero si sabe quiénes son Charles Bradley o Sharon Jones; salvo honrosas excepciones, lo normal es que nos encontremos con un encogimiento de hombros por respuesta.

Eli “Paperboy” Reed tenía todo lo necesario para ser rey de ese mundillo, tal y como demostraron sus primeras grabaciones junto a The True Loves, pero él es mucho más ambicioso y no le bastaba con quedarse allí. Ya se le notaban maneras en su debut multinacional Come and get it (2010), repleto de melodías clínicamente elaboradas para pegarse a cualquier oreja.

Sin embargo, en aquel disco se respetaban más o menos las formas del soul clásico, manteniendo a Reed como un encantador malabarista de lo retro. Durante los últimos años, el hombre nos fue avisando que su ambición era otra, que no tenía intención de encasillarse en el nicho que él mismo se había creado, y que plan era llevar su amor por el soul a otros terrenos de la música contemporánea para llegar así al mayor número de personas que le fuera posible.

Ahora nos llega Nights like this, el paso definitivo de Reed, y efectivamente estamos hablando de un “crossover” que va mucho más allá del pertrechado por Adele o Amy Winehouse; la cosa está más cercana al territorio de Pharrell o de Bruno Mars en términos comerciales, o a aquel disco de Chris Cornell con Timbaland en lo que a posible shock de los viejos fans se refiere.
Nights like this es un canto desesperado por gustar a todo el mundo, quizás demasiado desesperado a veces, hasta el punto de llegar a sonar hiper-éxitado y extra-metabolizado en ocasiones (tan solo la balada Two broken hearts al final del disco da algo parecido a un respiro).

La teoría de Reed es que una voz apasionada y rasposa como la suya no suele prodigarse en el pop, lo cual da un bonus soul a cada una de sus canciones. Lo gracioso es que en este contexto, su voz nos llega a recordar en demasiadas ocasiones a Cee Lo Green, con un tipo de producción mucho menos sutil que la podía a llegar a aportarle Danger Mouse en los discos de Gnarls Barkley.

Lo malo de apuntar a todos los públicos y fallar el tiro es que tus heridas quedan mucho más expuestas que cuando te contentas con habitar un nicho reducido. Sin duda, piezas como Well alright now, Ain´t worth it (Goodbye), Shoes o la muy lograda Woohoo (la canción en la que queda más claro el ADN de soul clásico del artista), sin duda han de situarle en un lugar superior al que ya ocupaba; la pregunta es si el aumento de su relevancia será el correspondiente al envite lanzado.

 

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