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Eleanor Friedberger “Personal Record” (Merge Records, 2013)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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Cuando te desligas de tu grupo principal y te embarcas en una carrera en solitario, tu público espera que sea porque quieres hacer algo diferente. Por desgracia, muchos artistas acaban sacando trabajos muy similares a los que hacían antes de la separación. Pero con Eleanor Friedberger no estamos ante uno de esos casos, ya que la parte femenina de The Fiery Furnaces tiene muy claro que su carrera fuera del grupo que lidera con su hermano, va por otro camino. Si en su álbum de debut ya dejaba ver un pequeño regusto hacia el pop más clásico, en este segundo trabajo lo certifica. Aquí no hay ni rastro del lo-fi o de las locuras que caracterizan la música de The Fiery Furnaces, y hay que decir que se agradece una barbaridad.

Personal Record” suena de maravilla. Y no me refiero sólo a la estupenda producción, clara y sin fisuras: estoy hablando de las canciones. Son canciones que se hacen enormes sin necesidad de esfuerzo por parte del oyente; unas canciones que emocionan con lo básico y que no necesitan de artificios para sonar frescas. Eleanor Friedberger lo hace todo con una facilidad pasmosa, y te contagia desde el primer momento la energía que desprende el disco. Quizá sea por el hecho de que cuenta historias personales, que casi le salen solas.

Si nos vamos al plano musical, encontramos una amplia variedad de sonidos, siempre dentro del pop y el rock. Hay ecos del rock jipi de los sesenta en I Don’t Want to Bother You (el órgano y el punteo de guitarra la delatan), o toques de country en My Own World, donde prácticamente se hace un Rayna James (los que sigan la serie Nashville sabrán de lo que estoy hablando). Pero es en los temas más pop donde despliega todo su poderío. Canciones como When I Knew, Stare At The Sun, Tomorrow Tomorrow o la impresionante y enérgica She’s a Mirror, suenan potentes, esplendorosas y contagiosas. Son de ese tipo de temas con los que te dan ganas de dejarlo todo y salir a vivir la vida. Pero es un disco de contrastes, en el que también nos encontramos la otra cara de la moneda, la de los temas más calmados y tristes. Ahí es donde entran I’ll Never Be Happy Again, esa preciosidad llamada Echo or Encore y I  Am The Past. Son tres canciones que te tocan la patata y que demuestran que la norteamericana sabe emocionar con poco.

Pero no os creáis que ya está todo el pescado vendido, porque todavía tiene un par de ases bajo la manga. Estoy hablando de You ‘ll Never Know Me y Singing Time, donde vuelve a cambiar de registro. En la primera nos entrega un tema pop con cajas de ritmos, trompetas y toque épico que hace de ella otra joya digna de mencionar. La segunda es delicada, tiene un ritmo bossanova, y estalla a mitad de canción convirtiéndose en todo un tema de pop colorido. Es una muy buena forma de terminar un álbum al que sólo le sobra una canción (Other Boys). La lástima es que, casi seguro, seremos pocos los que descubriremos este estupendo trabajo.

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