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El Petit de Cal Eril, La figura del buit (Bankrobber, 2013)

Autor: | @sergiomiro

elpetitdecaleril

La menuda figura de Joan Pons (ya conocido por todos como El Petit de Cal Eril) se está dejando ver cada vez más por todos los escenarios de la geografía española. Nos alegramos de ello, sobre todo porque su campestre localidad de Guissona podría antojarse demasiado apartada de cualquier civilización influyente, y sería una pena que los universos líricos y musicales de este hombre se quedasen en un fenómeno localista.

Su nuevo trabajo es un torrente de canciones (17, para ser más exactos) de un optimismo y una brillantez totalmente opuestos al intimismo oscurecido de su anterior Vol i dol (2010). Pons tiene ganas de celebrar el mero hecho de estar vivo, y utiliza su particular poética entre el suelo y el cielo para expresarlo.

Musicalmente, es lo más parecido que tenemos en este país al Sufjan Stevens más accesible. De hecho, uno se imagina fácilmente que, al igual que Stevens amagó con dedicar un disco a cada estado norteamericano, Pons sería muy capaz de hacer lo propio con cada municipio catalán, como mínimo (aquí, de momento, un farmacéutico de Lleida tiene su momento en Lleida frega Fraga).

Son canciones sin estribillo aparente, que en su mayor parte dan vueltas sobre sí mismas sin aburrir al oyente porque están interpretadas y arregladas con soltura y naturalidad desarmantes. La mayor parte de ellas van dando paso a la rica instrumentación que proporciona la nueva banda de Pons (muy marcada por el Hammond y la sección de metales) hasta llegar a un estallido de color; alguna se disuelve para dar paso a una jam de jazz cósmico (La fi). Sea en el formato que sea, cada una de estas canciones se las arregla para dejar poso de su personalidad y lograr ese fenómeno tan complejo: el de un disco doble que ni aburre ni dan ganas de recortar.

 

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