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Efterklang “Piramida” (4AD – PopStock! 2012)

Autor: | @sergiomiro

efterklangpiramida

Empieza el nuevo disco de Efterklang, y nos invade la duda de si se les ha ido la mano a la hora de sofisticar su post-rock orquestal de aire tan inequívocamente nórdico. Por unos instantes parece que estamos escuchando una variante ligeramente más elegante de la celebérrima intro del Money for nothing de Dire Straits. Por suerte, las ambientaciones marcadas por voces en falsete y redobles de toms de batería no rompen en un riff guitarrero de Mark Knopfler, sino en una pausa dramática donde solo cabe un piano parsimonioso y la voz del cantante Casper Clausen seduciéndonos con su mejor tono grave en una melodía misteriosa. A partir de ahí, la canción sigue moviéndose con elegancia por diferentes parajes musicales, con arreglos de cuerda que se alternan con todo tipo de teclados, y que cuelgan del rimo ligeramente tribal de la sección rítmica.


Todo esto ha sucedido en apenas cinco minutos.  Ya nos va quedando claro que estos daneses administran sonidos como pocos en la escena actual. De hecho, aparte de un generoso listado de instrumentistas entre miembros de la banda e invitados, se dejan oir casi un millar de grabaciones de campo realizadas en un pueblo minero fantasma que además les sirvió para bautizar el disco. Igual que sucede en los proyectos más celebrados de Matthew Herbert, esos sonidos se acaban integrando en la música como si fueran instrumentos casi convencionales, y hasta podrían pasar desapercibidos para quienes no conozcan la historia detrás de este disco. Igualmente, cuando pasamos a la  segunda canción, Apples, con esa melodía que bien podría caber en un disco de The National (y con ese maravilloso intervalo de teclado tan propio del rock sinfónico más pinkfloydiano), confirmamos que en sus últimos trabajos se están acercando a las convenciones del indie contemporáneo, aunque conservando su don para las atmósferas envolventes. El resto del disco se sucede sin excesivos cambios sobre las cartas enseñadas desde el comienzo. Eso sí, la huella más profunda la marcan con el pedazo de balada Sedna –¿podríamos definirla como post-soul?-, y con la envolvente The ghost, digna de unos Radiohead con ganas de emocionar. Quienes quieran buscar pegas, podrán agarrarse al exceso de preciosismo con el que revisten la grabación, ya que de vez en cuando se echa de menos el tipo de crudeza que sí se cuidan de imprimir, por ejemplo, unos Sigur Ros. Pero con todo, uno no puede más que comulgar con la manera en la que Efterklang entienden y reflejan la belleza, ya sea en gran parte de estas canciones, o en un exquisito libreto de presentación adornado con fotones al pueblo fantasma que inspiró el disco.    
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