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Doe Paoro, “Soft Power” (ANTI- 2018)

Autor: | @sergiomiro

Hay que reconocerle a Doe Paoro (nombre artístico tras el que está la cantautora angelina Sonia Kreitzer) que se deja llevar por el instinto y que no va a por el éxito fácil. Cuando su anterior trabajo, After (2015) cosechaba comentarios entusiastas gracias a las seductoras ambientaciones de electrónica hipster de la mano de Bon Iver y su pandilla de colaboradores de Wisconsin (Sean Carey, BJ Burton), parecía que lo que tocaba no era un cambio de timón, sino seguir ahondando en esos hallazgos. Máxime cuando el remix que RAC realizó de uno de los temas de ese disco, Nostalgia, se convirtió en su máximo éxito y podía garantizar una lucrativa carrera entre beats de corte house.

Pero no, el tercer disco de Doe Paoro nos revela que en realidad lo que ella quiere ser es una artista de neo-soul, una post-Amy que pueda mirar de tú a tú a Adele, y con un puntito cándido más propio de una Carole King. Para ello ha dejado de lado todas las máquinitas y se he reunido en el estudio con una banda de venerables sesioneros para registrar prácticamente en directo estas 12 canciones. A los controles, un auténtico experto en este tipo de tareas, Jimmy Hogarth, conocido por su trabajo tanto con el producto original (la propia Amy) como con las que vinieron detrás (Duffy).

El comienzo del disco es bastante prometedor al respecto, con una Over que huele a clásico con su piano a tresillos y sus coros tan de girl group de la Motown en los 60. Abundan otros aciertos , aunque la cosa no tarda en entrar en un territorio demasiado ceñido a la fórmula que pretende poner en pie, con unos músicos que acaban resultando demasiado académicos en su solvencia (salvo un Leo Abrahams que siempre está ahí para dejarnos algún toque de la elegancia y creatividad que en su momento le convirtió en hombre de confianza del mismísimo Brian Eno). A esta reinvención le sobra azúcar y falta algo de garra u originalidad. Al final los temas que más llaman la atención son los que se salen un poco del esquema dominante: una Second Door que habría encajado perfectamente en las texturas de su anterior trabajo, y una The Vine que cierra solemnemente el disco guiñandole el ojo a David Lynch.

Con todo, podemos valorar la honestidad de una artista que se ha tirado a la piscina con lo que cree que tocaba hacer. Aunque vemos que, por si acaso, ya hay remix electrónico de Over.

 

Valoración: 6

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