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Disclosure, Caracal (Island 2015)

Autor: | @sergiomiro

Disclosure_caracal

Los hermanos Lawrence armaron una buena hace dos años, consolidándose como la nueva cara de la música dance desde el Reino Unido para el mundo, y descubriéndonos de paso a un chico llamado Sam Smith al que después de aquella omnipresente Latch no le ha ido nada mal.

La huella fue tan gigante, que el resto de la escena musical se dedicó a copiar sistemáticamente los sonidos que ese disco de debut había implantado (y, en muchos casos, recuperado; no olvidemos que Disclosure son, ante todo, unos eruditos del house clásico).

Para el difícil segundo disco, la opción de reinventarse y volver a marcar la senda a seguir les habría elevado a categoría de mitos intocables –la que ahora ocupan Daft Punk casi sin sombra-; pero por el contrario, los Lawrence no han querido –o sabido- salir de lo suyo.

Tampoco es que sean mancos, una vez más se han sacado de la manga un buen puñado de canciones de esencia pop y de beats a prueba de bomba bailonga. Además, consiguen superar el plantel de estrellas que ya avaló su debut, garantizándose aportaciones tan potentes como la del “chico del año” Abel “Weeknd” Tesfaye (la impecable Nocturnal es otro trallazo que añadir al palmarés del autor de Can´t feel my face), la “chica del año pasado” Lorde, o el “chico suave” Miguel. No obstante, el mayor acierto haya sido apropiarse de la voz del “jazzman” Gregory Porter (quien ya había empezado a mostrar sus habilidades para hacer bailar al personal con las remezclas de Liquid spirit) para la canción más arrebatadoramente enérgica, Holding on.

Repite participación Sam Smith, quizás en un acto de reconocimiento mutuo ante el éxito obtenido, con una resultona Omen que, hiciera lo que hiciera, nunca iba a poder reproducir la frescura infecciosa de la mencionada Latch.

Y es ahí donde puede estar el talón de Aquiles de este trabajo: que repitiendo los esquemas de su primer disco, se ha quedado en un terreno más conservador y menos entusiasta. Convertidos en productores profesionales, los Lawrence actúan como tales, ofreciendo un producto impecable y que supuestamente toca todas las teclas correctas, pero sin ese ápice de peligrosidad e inventiva que puede hacer que un disco dance tenga sentido más allá de una discoteca o de los altavoces de una tienda de ropa trendy.

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