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Desperate Journalist, Desperate Journalist (Fierce Panda 2015)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

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Ayer se ponía a la venta oficialmente el epónimo álbum de debut de este cuarteto londinense que os descubríamos en Indienauta allá por el mes de febrero del año pasado. Bajo su curioso y rebuscado nombre deudor de The Cure encontrábamos a una más que prometedora banda que combinaba el post-punk con las guitarras y melodías pop. ¿Cómo les ha sentado el salto a la larga duración? Lo repasamos a continuación.

Abrir un disco con un tema del calibre de Control es poner todas las cartas sobre la mesa. La habíamos soslayado con el final del 2014 —las listas de final de temporada, que malas son— pero ahora no se nos escapa. Las guitarras de Rob Hardy cabalgando y trazando arabescos, una percusión que no rehuye el combate y la torrencial voz de Jo Bevan en el ojo del huracán. Pepinazo.

Sin tiempo para recuperarnos del impacto inicial la misteriosamente titulada O enseña las dos facetas de Desperate Journalist en menos de cuatro minutos. Estrofas que parecen evocar un pop melancólico y añejo, pero que rápidamente reciben una súbita descarga de tensión en el puente, anunciando un estribillo furibundo que bebe del mejor post-punk de guitarras, con ecos de los primeros U2.

¿Más? Sin duda, porque el apabullante trío inicial lo remata Cristina, que ya conocíamos de su EP de debut en verano de 2013 y que confirma la brutal pegada de los londinenses. Furia y caricia. Abrasión pop o post-punk de melodías indelebles. La etiqueta no importa demasiado cuando los resultados son tan incontestables.

Viramos levemente hacia el post-punk de corte oscuro con Hesitate, marcada por sus guitarras sinuosas, sus ecos y batería marcial, que revientan en otro estribillo marca de la casa, épico y al galope, con Bevan desgañitándose en un final de tema formidable. Por poner un pero, podríamos decir que los cuatro temas iniciales quizás estén cortados por un patrón demasiado similar. Afortunadamente, el epicentro del disco nos va a mostrar otras facetas del cuarteto británico.

Y es que la otra cara de Desperate Journalist, la más pop, tiene su primer ejemplo con Remainder, con las guitarras dibujando espirales, trazando círculos concéntricos de maravilloso jangle-pop en la estela de —no se puede negar— los mejores momentos de Morrissey y Marr, dejando que los focos se centren en el tremendo vozarrón de Jo Bevan.

Distance, la preciosa cara-b del sencillo Organ, publicado a finales de 2013, hace su aparición a mitad del álbum para demostrar que la banda no tiene ningún problema en bajar el ritmo y brindarnos una balada de tremebunda intensidad, donde la sombra de Bigmouth —en su versión buena, no la plasta— es alargada. Y sin llegar a alcanzar la velocidad de crucero del inicio, Nothing aparece esquiva, como si jugara al escondite con el oyente. Frágil sin renunciar a la determinación, ominosa sin querer asfixiar, densa sin oler a plomo. Mozz con esquirlas aún en carne viva.

Recuperamos el brío con Happening, trallazo espectacular que ya había visto la luz originalmente en mayo del 2014. Jangle-pop de evidente tensión, en que cada nota de la guitarra parece un percutor a la espera del disparo, en forma de estribillo inmediato, caústico, letal. Sin bajarnos de esa vibrante combinación de urgencia y melodía aparece Eulogy, que pese a no alcanzar la brillantez de la anterior, si funciona como excelente bonus hermanado al trepidante tema anterior.

Reduciendo un par de marchas pero sin renunciar a la intensidad aparecen los dos últimos cortes del disco. Tanto Heartbeats como Cement son los dos ejemplos perfectos para destacar la importancia de la omnipresente voz de Bevan, llenando los resquicios que la canción pudiera dejar, brindando una catarsis emocional tras otra gracias a su prodigiosa voz, miel y fuego saliendo de una misma garganta. Si en la primera la vocalista parece surgir victoriosa de entre las sombrías brumas de una atmósfera densa y opresiva, en la pieza final, otro de los escasos remansos de paz y luz de todo el álbum, se deja arrullar por una cadenciosa, casi a ritmo de vals, sencilla melodía pop.

Si este no es uno de los debuts del año, es que la cosecha del 2015 va a ser increíble. Discazo de aúpa. No os lo perdáis.

 

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