Publicidad

Depeche Mode “Delta Machine” (Columbia Records 2013)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Depeche-Mode-Delta-Machine

Han pasado 32 años desde que unos chiquillos imberbes con chupas de cuero llamados Depeche Mode irrumpieron en la escena synth-pop del Reino Unido con un single pegadizo llamado Dreaming of Me. Hoy queda muy poco de esos Depeche Mode (ni ellos se esperaban que fueran a llegar tan lejos y tan alto), y su nuevo trabajo es un ejemplo más de la madurez que, desde hace más de una década, han alcanzado los de Basildon. Dave Gahan, Martin Gore y Alan Wilder tienen una colección de hits perfecta, y ya no se preocupan en aumentarla. Por lo menos, esa es la sensación que nos deja este “Delta Machine”, donde es casi imposible encontrarse con un single pegadizo. Y no es malo, ya que han sacado su disco más coherente desde “Ultra”, es decir, desde hace dieciséis años (aunque dos o tres singles rompedores no hubieran estado mal).


Para bien o para mal (en realidad para mal), hace muchos años que Depeche Mode se han convertido en una banda de rock visto desde la electrónica, pero rock al fin y al cabo. Y no es sólo por la presencia constante de guitarras en su música (maldito el día en que decidieron sacar aquel I Feel You como single). La forma de cantar de Dave Gahan también ha cambiado una barbaridad desde la década de los ochenta, y ahora disfruta con ese toque a medio camino entre el blues y el rock más macarra (muy en la línea de lo que hace con Soulsavers). Con todo, “Delta Machine” es su trabajo más electrónico en años. Además, es una electrónica minimalista y nada complaciente; y eso ya es un aliciente para prestar un poco más de atención a este trabajo.

Lo primero que nos encontramos cuando le damos al play es Welcome To My World: una canción sucia en la que la voz bluesera de Gahan se junta con los coros de Gore en un memorable estribillo lleno de cuerdas. Es uno de los puntos álgidos del disco. Sigue el tono electrónico sucio en Angel, en la que nos sorprenden con unos beats crudos que casi le quitan el protagonismo a la voz más macarra de Gahan. La elección de Heaven como primer single descoloca un poco. Esta balada clásica con piano resulta anodina y, aunque tiene un buen estribillo (con los coros de Gore otra vez como protagonistas), no llega a funcionar como sí lo hacía Home, por ejemplo. En Secret To The End y en My Little Universe vuelven a la electrónica más cruda y densa, casi corrosiva (muy presente en todo el álbum), que es donde más aciertan. Y es que por un momento parece que han querido volverse mucho más oscuros; casi podríamos decir que estamos ante el disco más industrial de Depeche Mode, pero claro, vuelven a aparecer las dichosas baladas. Slow es un coñazo tremendo en el que se meten en un popurrí de blues y balada ñoña que no va a ningún lado. Lo intentan maquillar con algo de suciedad, pero nada, no funciona. Afortunadamente, y de repente, aparecen los Depeche Mode más pop en Broken. Este tema es el single más claro del álbum (digo yo que será el tercero), y está muy en la línea de Surfer Well –al igual que aquella, es una composición de Gahan– , aunque para mi gusto es bastante mejor. El estribillo y el punteo son de lo mejor del disco, por no hablar de ese momento subidón de lo más épico que engancha a la primera escucha.

Martin Gore no se podía quedar sin cantar su balada (para eso compone diez de las trece canciones del disco). Lo lleva haciendo años, y este álbum no iba ser la excepción. Algunas veces acierta (Somebody o Home) y otras falla. The Child Inside es de las últimas: muy sosa y con muy pocas cosas que destaquen. Tan solo el toque minimalista y los pocos adornos que tiene le dan algo de valor. No pasa nada, porque inmediatamente aparece el tema “estadios” del disco: Soft Touch/Raw Nerve es un pepino lleno de guitarras y sintetizadores sucios, que hará las delicias de los asistentes a sus conciertos. Y sin duda alguna, la balada del álbum es Should Be Higher (otra de las composiciones de Gahan), que es de lo mejor que han sacado en estas dos últimas décadas. Oscura como Clean o Blue Dress y con un estribillo emocionante, donde Gahan canta mejor que nunca (¿por qué no seguirá por este camino?). Toda una joya que esperemos que la gente sepa valorar.

A Depeche Mode le van los discos largos (aquí se van casi a la hora), y aunque algunas veces eso es un error, este no es el caso. La segunda parte de este trabajo es superior a la primera, y los tres últimos temas no tienen desperdicio. La electrónica minimalista y oscura (casi kraftweriana) de Alone es uno de sus grandes momentos. Por no hablar de Soothe My Soul, que es el otro tema que va a arrasar en sus conciertos, y que han elegido como segundo single. Como curiosidad nos dejan Goodbye, un blues electrónico lleno de guitarras, muy contundente y potente. Con ella cierran un disco que al principio no dice demasiado, pero que a la larga te atrapa. Como ya he dicho antes, es el trabajo más coherente de Depeche Mode en muchos años, y se podría decir que el mejor desde “Ultra”.

 
To Top