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The Decemberists, What A Terrible World, What A Beautiful World (Capitol Records, 2015)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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No es fácil hacer un disco largo realmente bueno. Hay que estar muy inspirado para conseguir que, un álbum que dura casi una hora, sea consistente y logre captar la atención del oyente durante todo ese tiempo. A The Decemberists les chiflan los discos largos, y sus trabajos suelen ser irregulares; siempre hay unos cuantos temas que se podían haber quedado fuera. Su nuevo LP, el séptimo, no es una excepción: de 53 minutos, fácilmente le sobran veinte.

What A Terrible World, What A Beautiful World” está inspirado en el trágico suceso de Sandy Hook, donde un perturbado entró a una escuela infantil y mató a 27 personas, muchas de ellas niños. Colin Meloy, líder de la banda, mientras veía el telediario se empezó a preguntar el porqué de esas contradicciones; por qué mientras unos estaban sufriendo tanto, él era tan feliz con su familia en su casa de Portland. De ahí viene el contradictorio título del disco, y el tono melancólico que tienen algunas de las canciones del álbum, como ‘12/17/12’, que habla directamente del suceso.

Los de Portland son perros viejos en esto del mundo de la música, y saben que hay comenzar un disco con lo mejor y con lo más directo. Por eso, al principio de este trabajo nos encontramos con cuatro temas brillantes y muy distintos entre sí. Tenemos el baladón oscuro y épico (‘The Singer Addresses His Audiencie’), el tema de pop directo con algún toque de soul (‘Cavalry Captain’), el medio tiempo pop con aires 60s (‘Philomena’), y su clásico tema de americana para todos los públicos (‘Make You Better’). Todas ellas funcionan a la perfección, y pueden pasar sin problemas a lo mejor de su discografía. Pero, inmediatamente después, todo se tuerce. La parte central del disco está llena de temas densos, lentos y terriblemente aburridos. Entre el sopor que produce ‘Till the Water’s All Long’ (una canción de cinco minutos que no tiene nada) y ‘Carolina Low’, nos encontramos con algo bueno en ‘Lake Song’, que al menos tiene un estribillo decente, y en ‘The Wrong Year’, que es simple pero bonita. Ninguna de las dos está al nivel de los primeros cortes del disco, pero al menos destacan un poco entre tanto tedio. Y es que, para colmo, hacia el final del álbum les ha dado por ponerse fronterizos. Se creen una banda de Arizona en canciones como ‘Better Not Wake the Baby’ y ‘Easy Come, Easy Come’ y, sinceramente, ese rollo no es su fuerte.

Afortunadamente, en los últimos cortes del disco recuperan un poco el pulso y nos dejan la preciosa ‘Mistral’ y ‘A Beginning Song’, el tema con el que cierran el álbum de forma contundente y épica. Este último es uno de esos cortes llenos de crescendos, en los que las cuerdas juegan un papel importante. Un tema ideal para dejar una buena sensación final, aunque en el fondo notemos un sabor agridulce.

Con cuatro o cinco temas menos estaríamos ante un buen álbum, pero, por desgracia, se ha quedado en un disco más de The Decemberists.

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