Publicidad

Dear Reader, We followed every sound (City Slang 2013)

Autor: | @sergiomiro

dearreader

A la tercera fue realmente la vencida para Cherilyn MacNeil, también conocida como Dear Reader, ya que  fue su tercer trabajo (Rivonia, 2013) el que acabó por conseguirle aclamación general por la calidad de sus canciones y por sus imaginativos arreglos.

Personalmente, no creo que el salto cualitativo fuera tan grande. Ya desde su notorio debut (Replace why with funny, 2009) quedaba claro que esta chica merecía trato aparte. Quizás la clave del éxito de Rivonia  estuviera en que se trataba de un disco más personal y a la vez más universal, que convertía en seductoras narraciones y melodías algunos de los fragmentos de la historia reciente de su Sudáfrica natal.

Sea como fuere, el nuevo estatus de MacNeil le ha proporcionados nuevas posibilidades de expandir su arte. Teniendo en cuenta que muchas de sus canciones ya gozaban de una personalidad bastante barroca y grandilocuente, fue una bendición que se le ofreciera grabar un concierto con la compañía de la Babelsberg Film Orchestra, ahora inmortalizado en este atípico disco en directo.

Atípico, porque el grado de perfección sonora y el preciosismo de las interpretaciones es tal, que resulta fácil pensar que estamos ante una elaborada grabación de estudio. De hecho, se evita cualquier tipo de interacción con el público o señal de su existencia. Tan solo el entusiasta aplauso tras finalizar la última canción nos sitúa en el recinto en el que se registró este disco. Quizás eso de no interrumpir con aplausos los silencios entre cada pieza tenga como objeto equipararlas con movimientos de una sinfonía, lo que subrayaría el carácter ambicioso y temático de Rivonia, cuyas canciones conforman el grueso de este nuevo trabajo (tan solo hay cuatro visitas furtivas a los otros discos de MacNeil).

Que nadie espere grandes reinterpretaciones, ya que prácticamente todo suena igual a como lo hacía en las grabaciones. Los cambios se notan en un mayor énfasis en los arreglos orquestales, y en una producción que, curiosamente, ha resultado ser un poco más aséptica e inofensiva que la de los discos de estudio (digamos que de recordar a la Regina Spektor de los inicios, Dear Reader ha pasado a sonar como la Tori Amos de los últimos tiempos).

 

To Top