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Daughn Gibson, Carnation (Sub Pop 2015)

Autor: | @sergiomiro

DAUGHN_GIBSON

Cuidado con las canitas al aire, porque a veces pueden volverse más grandes e importantes de lo que uno cree. Ahí tienen a Josh Martin, cuya ocupación musical se centraba en tocar la batería en conjuntos que abarcaban diversos abanicos entre el punk, el hard rock y el metal. De repente, y a modo de descarga, Martin se inventó el seudónimo Daughn Gibson para llevar la voz cantante en un disco de composiciones propias donde jugueteaba con su pasión oculta por el country y con sus relativamente recientes descubrimientos del mundo de la electrónica.

Dos discos y unos cuantos años después, Daughn Gibson ha eclipsado a Josh Martin, y se encuentra en todo un sello como Sub Pop, lidiando con la tarea de convertir aquel divertimento en una carrera estable y coherente. Eso justo es lo que representa su más reciente esfuerzo, Carnation, un paso más a la hora de definir la idea detrás de Daughn Gibson; una idea que, a juzgar por la impresionante producción de Randall Dunn, ahora es más elaborada y compleja que nunca.

Aún nos queda algo del viejo cowboy que cabalgó en los dos primeros trabajos de Gibson, sobre todo en la afección con la hace uso de su profunda voz de barítono, y en algunos toques de steel guitar que de vez en cuando hacen esfuerzos por destacar entre la rica instrumentación que adorna cada pieza. De la misma forma, hay referencias a la música electrónica (sobre todo en detalles como los loops vocales de Bled to death o en los sintetizadores que sujetan la base de Heaven you better come in), pero se podría decir que, ante todo, Carnation abraza las formas del pop oscuro y elegante, con algún que otro truco que, si le funciona a The National, no tendría por qué fallarle a Gibson.

La sensación general, es que la forma puede con la sustancia (el empaque es demasiado impecable), pero cuando Carnation juega sus cartas bien, no deja de impactar ya sea en su lado más luminoso (la impecable Shatter you through, punto álgido del disco), en el más sofisticado (A rope ain´t enough, puro Bryan Ferry), o en el más solemne (Daddy I cut my hair).

 

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