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Darkside, Psychic (Matador, 2013)

Autor: | @sergiomiro

darksidePsychic

Nicholas Jaar es un tío impredecible, un enfant terrible de la electrónica, pero de los de verdad, de los que se ven tan sobrados de talento, técnica y visión espacial, que les da igual saltarse todas las normas convencionales por las que suelen pasar los que aspiran al lustre mediático dentro del género.

Darkside es su proyecto junto al guitarrista de su banda de gira, Dave Harrington, y nació con todos los visos de ser incluso más desafiante hacia lo preestablecido. Precediendo a este debut en larga duración, se atrevieron a deconstruir íntegramente el Random access memories de Daft Punk, convirtiendo la perfección retro de los robots franceses en un viaje hipnótico por varias tendencias de la electrónica contemporánea.

Pero tanto ese experimento como el pequeño EP homónimo que publicaron en el 2011 resultan accesibles y marchosos al lado de la rareza que han perpetrado en este Psychic.

Ya desde el comienzo, con la larguísima Golden arrow, Jaar y Harrington juegan a insinuar que van a llevarnos a un sitio, para luego amagar con una finta musical y trasladarnos a otro, o simplemente dejarnos de nuevo en el punto de partida.

Baste decir que el ritmo tarda cuatro minutos en arrancar, y cuando lo hace, no termina de explotar del todo. Habrá quien diga que todo el minutaje previo es fundamental para generarnos el estado mental necesario, y no dudo en que hay mucho de genio en Jaar y su compinche, pero también confieso que en temas como este, y en otros del disco, acabé haciendo buen uso del “Fast forward” de mi reproductor. Si esto fuera sexo, sería tántrico, o bordearía con dejarnos en un frustrante coitus interruptus.

También sucede en el lado contrario, con aquellos temas que empiezan con cierta dosis de “groove” y alegría, como la fantástica Heart o The only shrine I´ve seen, donde uno llega a tener la tentación de gritar “funky!” hasta que el dúo va y rompe la fiesta desintegrando la canción dejándonos tan solo con un manto de sonidos ambientales.

Habrán leído las alusiones a Pink Floyd al hablar de Psychic, y no solo por el famoso disco al que parece invocar el nombre del dúo, sino porque, efectivamente, son muchos los momentos en los que sintetizadores y licks de guitarra hacen un guiño indisimulado a algún que otro modus operandi de los Floyd (aunque, ojo, esas guitarras limpias que aparecen muy esporádicamente pueden recordar a Gilmour, sí, pero casi con igual fuerza evocan a Mark Knopfler, referencia extraña para un proyecto tan vanguardista).

Hay muy pocas cosas aquí que se parezcan a una canción, así que mi recomendación de este disco se tiene que limitar a os que andan muy iniciados en la electrónica, o como alternativa con coartada intelectual a los horrendos discos de relax con sonido de pajaritos y riachuelos que tanto se estilan en los spas y casas de masaje.

 

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