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Damien Rice, “My Favourite Faded Fantasy” (Warner, 2014)

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Han pasado ocho años. Algunas cosas han cambiado. Damien Rice ya tiene 40 años, ha pasado por una difícil ruptura, profesional y sentimental, con la que fuera su compañera (en el más amplio de los sentidos) Lisa Hannigan; y tras un largo periodo de tiempo “desaparecido” (salvo algunas actuaciones en directo) ahora decide volver a la esfera pública con un nuevo trabajo. Ocho canciones bajo el titulo My Favourite Faded Fantasy”.

El disco ha sido grabado a medio camino entre California y Reikiavik, y está producido ni más ni menos que por Rick Rubin (fundador del sello American Recordings y uno de los productores más importantes de la década de los 90). En la forma lo que más destaca es la omnipresencia de arreglos de cuerda en prácticamente todos los temas del disco, lo que le da un sonido más homogéneo que los anteriores trabajos (aunque igual que ocurría en aquellos aquí cada canción se mantiene por sí misma aún descontextualizada del resto). Un buen ejemplo de esto sería “It Takes A Lot To Know A Man“, donde tras un “falso final” la canción resurge con una parte instrumental de casi 5 minutos con un protagonismo casi absoluto para los instrumentos de cuerda.
También hay algún pequeño cambio en la forma de cantar de Rice, igual de emocionante pero más contenida, menos dramática, y acudiendo al falsetto algo más de lo habitual (como en la canción que da título al disco y lo abre).

En cuanto al fondo, hay cosas que no cambian nunca y en este caso eso es bueno. Damien con esta nueva colección de canciones vuelve a hacer lo que sabe hacer mejor: hurgar en la herida. En la herida sentimental, en esa que no se ve pero duele tanto, en la que nunca cicatriza del todo.

Las letras de Rice siempre han ahondado en el lado menos afable de las relaciones sentimentales. Relaciones siempre vistas desde la primera persona, y letras que no eluden tocar los temas que a veces quedan apartados cuando hablamos de canciones de temática amorosa o sentimental. El egoísmo, la culpa, los reproches (propios y ajenos), el rencor, la frustración, el engaño, la ceguera, el desencanto, la traición, el arrepentimiento, el recuerdo, el olvido. Y el perdón, darlo, recibirlo, concedérselo a uno mismo para poder seguir adelante.
Un “mea culpa” fruto de mirarse al espejo y tener que reconocerse uno a sí mismo, con lo malo y con lo peor. Pero no es un simple ejercicio autocomplaciente de flagelación (pública o privada, según seas autor u oyente de las canciones). Es la catarsis previa a la redención.

No es que el amor no exista, es que no es como nos contaron que era.

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