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Cymbals Eat Guitars, “Pretty Years” (Synderlin, 2016)

Autor: | @sergiomiro

Con lo bien que pintaban las cosas para Cymbals Eat Guitars cuando comenzaron (ser nombrados “Mejor Nueva Banda” por Pitchfork en el 2009 era la bendición más infalible que podía tener una banda de música independiente), los últimos años han ido mermando el impacto mediático del tipo de escena en el que nadaban cómodamente, lo cual unido a luchas personales y a cambios de formación forzosos, nos deja a la banda neoyorkina en 2016 con Joseph D´Agostino como único miembro de la formación original y con el reto de hacer un cuarto disco que les haga volver a resonar con fuerza. Pueden respirar tranquilos, lo han conseguido: “Pretty Years” es su mejor disco, y les abre a caminos mucho menos ligados al indie de libro (aunque siga pudiéndoseles comparar de vez en cuando con Modest Mouse), situándoles en un terreno más lucrativo en el que también caben baladones arrebatadores (‘Shrine’), experimentos electrónicos (‘Mallwalking’, con su ¿intencionado? guiño al ‘Come as you are’ de Nirvana en el solo de sintetizador), punk abrasivo (‘Beam’) y hasta exuberantes piezas de rock a lo Springsteen.

La influencia del Boss es la más llamativa y la más fructífera del disco. Se podría decir que reina bastante del ánimo eufórico del Springsteen setentero en la mayor parte de los cortes, pero la cosa se vuelve realmente específica en ‘4th of July’, ‘Philadelphia (Sandy)’, como deja claro su título, y en la magnífica ‘Wish’, todo un hallazgo que incluye hasta el tipo de saxos que Clarence Clemons convirtió en dogma en la época de “Born to run” (1975).

Cymbals Eat Guitars ya han tenido su buena ración de productores estelares en trabajos pasados, pero toca decir que la entrada de John Congleton (St. Vincent, Spoon) parece haber representado el empujón clave el presente triunfo. Cada canción suena gigante, contundente, y con un buen arsenal de sonidos propios que las distinguen entre sí, convirtiendo a “Pretty Years” en la perfecta conjunción entre canciones, interpretación y experiencia sonora.

Valoración: 8,2

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